John Lennon: el producto más rentable de Yoko Ono

Yoko Ono ha firmado un nuevo contrato con Epic Rights para gestionar la "marca Lennon".

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Yoko Ono y John Lennon sentados en un parque
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Las viudas negras de la historia del rock and roll son un elemento crucial. Para el fan, pudiendo buscar un enemigo directo al que culpar de todos los males; para el artista, reafirmando su ególatra virilidad frente a una perversa presencia femenina. El deshonroso título ha recaído en mujeres como Nancy Spungen, la siempre exasperante Courtney Love y, como no, la madre de todas, la pionera: Yoko Ono.

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Solo aquellos que formaron parte de aquellas sesiones en Abbey Road podrán saber el impacto que tuvo la artista japonesa en la ruptura de The Beatles. La especulación es lícita, pero insustancial. Nada podemos sacar en claro. La vida conyugal de John Lennon y Ono tampoco importa. Lo que sí resulta trascendental, opinativo y legítimo es manifestar el desagrado que causa la mercantilización del fallecido Beatle con la contratación a Epic Rights para gestionar la marca “Lennon”.

El concepto de “marca” en una personalidad como Lennon. Vender ideales como un producto, porque es la única manera de monetizar lo intangible. Es la faceta que más odio de la música, la impuesta, la que poco o nada tiene que ver con el arte. La promoción del arte y su sustento por parte del creador me resultan comprensibles; más que comprensibles, inviolables. Lo que no puedo compartir es transformar el idealismo en comercio, especialmente cuando su autor no puede ser consciente de ello.

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El hecho de crear marcas podrá ser lógico, pero en el oído tiene una cualidad corrosiva que no me permite reconciliarme con esta actuación por parte de la viuda. La empresa gestora creará dos líneas de marca distintas, “John Lennon Classic” y “Bag One Arts”, centradas en la imagen la primera y en su faceta pictórica la segunda. Un modelo de blindaje a la ofensiva que, para honrar su memoria, preparará estrategias de marketing acordes al músico. Y, mientras, el montante de Yoko Ono por las nubes.

Ono siempre ha sido lista, ha sabido nadar entre dos aguas sin que la corriente de ninguna la arrastrara del todo. Su excentricidad y vanguardismo artístico han establecido unos estándares que nunca permitirán que sea vista como parte de los engranajes maquinales de la industria, por mucho que se implique en negocio y marketing. Que no te extrañe ver más bolsos con la cara de Lennon de aquí en adelante en una clase magistral de hacer cartera a costa del nombre de tu difunto marido.

Ha sabido hacerlo con la pericia de una mujer de negocios, en lugar de caer en el chabacanismo que sí demuestra la viuda de Kurt Cobain. De todos modos, la culpa no es completamente de Yoko, ella ha sabido aprovechar el panorama. En el mundo en que vivimos, hemos convertido estos modelos en herramientas necesarias, convirtiendo el arte en negocio y la memoria en propaganda financiera. La culpa no es del sistema, es nuestra; un arma no dispara si nadie aprieta el gatillo.