Parecidos Razonables, diferencias abismales

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Parecidos Razonables, diferencias abismales

Los cambios casi nunca son permanentes. El pasado siempre vuelve, así como las modas en ropa, música y arte en general. Es una condición del ser humano idolatrar el pasado una vez está ya muerto, así que… ¿por qué no desenterrarlo de vez en cuando para homenajearlo y reconocer a los que ya no son recordados por sus sobrados méritos y aportaciones? En la música, este agradecimiento se lleva a cabo normalmente a través de la inclusión en el espectro afín de las influencias. Así, hay un amplio Hall de la Fama con los más mencionados últimamente, con especial auge últimamente en el panorama independiente de The Replacements, My Bloody Valentine, The Jesus and Mary Chain Pavement. Grupos que en su época siempre fueron segundones en los grandes carteles, como en la actualidad lo son otros que serán reverenciados en un futuro no muy lejano.

Pero lejos de la reverencia solemne hay otras formas de estrechar el vínculo con el ídolo, bebiendo directamente de su fuente consagrada, sin mediadores de ningún tipo. Hay quienes por escrúpulo profesional prefieren llamarlo guiños amistosos, que a veces son sólo eso, y otras plagio vulgar y deleznable. No había escuchado tantas veces esa palabra refiriéndose a una canción sin que la imagen del grupo se viera tan poco dañada como es el caso de The Strokes y su One Way Trigger. Todo el mundo a estas alturas ya sabe que se les ha señalado con dedo acusador por su parecido con Take On Me de A-Ha, aunque es innegable que, a pesar de estas graves afirmaciones, hay muchos que no renuncian al valor de su refrescante sonido. Yo soy una de esas personas.

Los plagios han ocupado mucha tinta y mucho espacio en la web -hasta hay una página que se dedica únicamente a buscar parecidos razonables y otros no tanto-. Sobre todo en cuestión de insultos a los grupos, como si fueran lo más despreciable que hay en este mundo y fuera un crimen no haberse dado cuenta de que, publicando una canción, estaban insultando a los seguidores de grupos consagrados, agraviándoles de por vida. Pocas veces he visto tantas palabras malsontantes juntas como cuando salió a la luz el Every Teardrop is a Waterfall de Coldplay. El single de Mylo Xyloto tenía un ritmo y una armonía muy parecidas a las de El Ritmo de la Noche de MYSTIC, motivo por el cual los detractores de la banda se rasgaron sus vestiduras y clamaron por el fin de un grupo con una auténtica legión de seguidores, como si fueran un Mariano Rajoy cualquiera al que se le está señalando públicamente por corrupción.

Es curioso que no haya pasado lo mismo con otros grupos que han publicado canciones no menos parecidas a sus referentes. El caso de The Roller de Beady Eye y el Instant Karma de John Lennon, debería estar fresco en la memoria, aunque todos han corrido un túpido velo en favor del también ídolo de masas Liam Gallagher. Sin embargo, en esta ocasión parecía más grave todavía, teniendo en cuenta que Lennon es un reconocido referente del hooligan de Manchester, por lo que conocería sobradamente esa canción como para no plagiarla tan descaradamente. Lo mismo ha pasado con muchas otras, recientes y no tan recientes, como Smells Like Teen Spirit de Nirvana More than a Feeling de Boston,– hasta el punto que Kurt Cobain y los suyos ridiculizaron este parecido en el conocido y reverenciado directo en el festival de Reading-, Dani California de Red Hot Chili Peppers Sweet Home Alabama de Lynyrd Skynyrd o la genial Karma Police de Radiohead Sexy Sadie de The Beatles. En el mundo del cantautor esto ya es un despitorre, puesto que todos utilizan las mismas secuencias de acordes, por lo que la mayoría de baladas nos recuerdan a Knockin’ On Heavens Door de Bob Dylan, incluso la inolvidable Helpless de su amigo Neil Young.

¿A qué se debe esta diferenciación entre Cantos del Loco, Lady Gagas, Justin Biebers y Coldplays, y el resto? Se debe a una cuestión de calidad. Si la canción en sí aporta algo que merece la pena, se obvia su parecido razonable y su imagen se incorpora a la memoria colectiva que espera a un plagio de un grupo malo para desquitarse y ahorrarse horas de psicólogo y malos ratos con uno mismo. Así, como esquivaron también esta bala en el pasado con acusaciones parecidas -como la de que Last Night se parecía a American Girl de Tom Petty, entre otras- The Strokes sobrevivirán a los que les acusan de plagio. Más que nada porque no esconden lo que son, sino para quienes siguen estando ciegos a los cambios que se operan en la banda. Es un gran grupo que hace grandes canciones, aunque ya no son esos veinteañeros tan temerarios como introvertidos que iluminaron el mundo con su desparpajo -y a pesar de que ahora son mucho más irregulares que antes-. Aunque hay que recordar que… los cambios nunca son permanentes. Ni siquiera la muerte lo es.