Lo que de verdad me cabrea (del mundo de la música)

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A la gente solo le interesa cobrar. Es casi como encontrar el Santo Grial toparse con un profesional de la música que sea eso, profesional. Que nadie salte a la yugular con esta afirmación, el que lo sea me alegro y le felicito, pero es una triste verdad que convivimos con demasiados ineptos y descuidados. Así que somos cruzados en una guerra ya perdida mientras no queramos cambiar nuestra manera de hacer las cosas.

No es la primera vez ni será la última que una promotora haga oídos sordos a la necesidad que tenemos de convivir y retroalimentarnos entre los que nos dedicamos, por pasión, a la música. Tantas veces aguantas cómo te cuelgan el teléfono, cómo te piden más de lo que ofrecen por su estatus, cómo se aprovechan de todos los demás porque creen que merecen más. Te lavo la espalda para que no acuchilles la mía; el pan de cada día. 

Cuando Bush soñó que Dios le encargaba iniciar una guerra, debieron encenderse tantas bombillas en los despachos de las discográficas que alumbrarían el apagón de Nueva York. Con bandas, prensa y público actúan con el mismo leitmotiv que comentaba en las promotoras, y sus espaldas están muy sucias. Si no tienes algo que necesitan, no dudarán en dirigirte al buzón de voz más cercano. Ahora sí, como tengas algo se abalanzarán sobre ti y no te dejarán nada.

Cuando un técnico maneja con interés un concierto, a mí me entran ganas de llorar. Lo normal es que lleguen, (mente en blanco) y se vayan a casa con un buen dinerito en el bolsillo por no prestar ni el más mínimo cuidado por el trabajo realizado. Obviamente, cualquier concierto medio/alto y en adelante tiene un profesional a su cargo que da todo lo necesario. Pero una sala pequeña, donde las actuaciones son bandas noveles y, por lo tanto, con una necesidad si cabe mayor de ofrecer el mejor espectáculo, hace caso omiso a esta demanda. No queremos técnicos que no se tomen con seriedad y entusiasmo su trabajo, se despreocupen de lo que sucede en el escenario y se conformen con lo mínimo -que la mayoría transforma en su máximo-. Necesitamos gente a la que no le cueste demostrar su dedicación, sepa lo que hace y se preocupe por el resultado.

Tenemos un defecto catastrófico: no pensamos en los demás, y si se aplica en lo personal aún más en lo profesional. Para nosotros, la gente que nos rodea son maniquíes a los que no afectan nuestras acciones. No debemos haber escuchado nunca lo de la mariposa y el huracán.

Los compromisos se rompen como papel mojado y no nos paramos ni un segundo a pensar cómo perjudica al que tenemos enfrente. Y luego tienen la cara de decirnos que tenermos que acostumbrarnos, que es lo normal y, en el mundo real, así es como funcionan las cosas. Si no hay dinero de por medio, no nos interesa mantener nuestra palabra. Así que mi rabieta me guía a la misma conclusión: a la gente solo le interesa cobrar.

  • Hablatumusica

    Y a ti, ¿qué te cabrea del mundo de la música?