[td_block3 category_id=”23″ limit=”7″ offset=”1″ custom_title=”+ LVD” ajax_pagination=”load_more”]
Robin Thicke decidió que quería dejar de ser un fracasado durante unos instantes. Para ello organizó un plan tan simple como efectivo y que se repite en el mundo de la Música con una asiduidad pasmosa. Si la gente sigue picando, ¿cómo no va a hacerse? Universal -su sello- “reformuló” unas cuantas canciones de Marvin Gaye y, como colofón, le metió en un vídeo con Pharrell Williams y tres modelos desnudas.

[TS-VCSC-Divider divider_type=”ts-divider-two” divider_text_position=”center” divider_text_border=”#eeeeee” divider_image_position=”center” divider_image_border=”#eeeeee” divider_icon_position=”center” divider_icon_color=”#cccccc” divider_icon_border=”#eeeeee” divider_border_type=”solid” divider_border_thick=”1″ divider_border_color=”#eeeeee” margin_top=”2″ margin_bottom=”23″]

A aquello le llamaron ‘Blurred Lines’ y hoy lleva más de 300 millones de visionados en YouTube. Se ha convertido en lo que en la actualidad se conoce como éxito. Soft porno, sexualidad distorsionada y la idea de que el hombre está por delante de la mujer han sido las armas para convertir al vídeo -y a su canción- en uno de los temas musicales del 2013 para el público masivo.

Thicke no está solo. ‘Drinking from the Bottle’ o ‘Summer’ de Calvin Harris, y anteriormente clips como ‘Girls on Film’ de Duran Duran, cientos de vídeos de electrónica como ‘Satisfaction’ de Benny Benassi u otros tantos de hip hop comercial han utilizado el poder del sexismo para atraer a consumidores.

Lee también: Shakira y Rihanna, lesbianismo maché

Un año después aparece el informe emitido por Rewind & Reframe, un proyecto británico llevado a cabo por las asociaciones End Violence Against Women Coalition y Object en el que denuncian la hipersexualización de la mujer en los videoclips y su tratamiento de objeto. El estudio ha sido llevado a cabo durante un año y posteriormente se ha enviado a grandes sellos e importantes organismos de la industrial musical.

El estudio también pasa por una serie de reclamaciones a organismos clave -como el gobierno británico- que permiten la barra libre en el videoclip y que incluyen como principal medida la regulación y clasificación por edades.

El videoclip se ha convertido en el medio más importante que el músico afiliado al mainstream tiene de llegar a la masa. El mundo es cada vez más visual y la canción ha pasado a un segundo plano; si tienes un vídeo llamativo no hace falta que trabajes en una buena canción. La viralización y todo su entramado pasan por buscar la provocación. Si es mediante el sexo o la utilización de la mujer como objeto, el trayecto es cómodo y mucho más rápido.

El machismo siempre ha atacado a la Música, ha sido ese fantasma que ha golpeado al rock desde sus inicios, que se adhirió a la cultura hip hop hasta llegar a los niveles máximos a los que hoy asistimos o a la electrónica al poco de despegar como tendencia. El videoclip ha servido para reforzarlo, dotarlo de una estética, hacerlo triunfar y con ello normalizarlo.

Desde la niñez estamos expuestos a una serie de contenidos que nos hacen ver que no hay una diferencia entre el impávido Thicke de traje y gafas de sol y la modelo desnuda y caliente que baila a su alrededor. La interiorización nos impide conocer que ni es una situación real ni tan siquiera igualitaria. El consuelo está en saber que Thicke ha vuelto al hoyo del que nunca debió salir.

Contenidos similares: