Muerte a los conciertos

La subida del IVA cultural comienza a hacer estragos en la música en vivo.

0
510

“El Gobierno hará lo que sabe, que es bajar impuestos”, dijo Cristóbal Montoro hace unas semanas viendo un navío llamado elecciones. El Ministro de Hacienda tiene la sonrisa desdibujada del que no acostumbra a ensayarla y con ella ha ejecutado un plan de exterminio de la clase obrera que va viendo sus frutos en una sociedad cada día más pobre.

Y si una de las pocas formas de expresión que tiene la plebe es la Cultura, buen camino es el de aniquilarla. Desde la Educación a la persecución hasta llegar al castigo total: convertirla en un medio disponible sólo para la clase agraciada. ¿Para qué sirve el impuesto? Los entendidos y los que no saben que se trata de ganar dinero. Quizá para combatir la “herencia recibida”, el equipo de Mariano Rajoy ha dedicado sus esfuerzos a subir sistemáticamente el porcentaje de nuestros pagos y el de sus ganancias. Eso nos lleva al IVA cultural y su 21 %. ¿Qué ha conseguido la medida?

Según datos publicados por la Asociación de Promotores Musicales -APM- en su Anuario de la Música en Vivo, el Gobierno no sólo no ha obtenido beneficios en 2013, sino que los ha perdido. La recaudación fiscal obtenida por la administración Rajoy ha bajado 29 millones de euros, lo que indica que la subida de impuestos y el consiguiente aumento del precio de las entradas en conciertos no ha servido para otra cosa que para ganar menos como estado y sí para arruinar a un sector que cada vez lo tiene más complicado para seducir a los grandes nombres de la música.

Me viene a la cabeza aquel ‘Live at Pompeii‘ de Pink Floyd en el que los británicos actuaban entre las ruinas de Pompeya. Sin público. Las estatuas miraban con la frialdad con la que observa Montoro cómo los de Roger Waters -metido a Julio Verne– llevaban su delirio psicodélico al éxtasis. Lo que tenía de artístico y experimental se ha ido transformando en una profecía de lo que nos espera. El vacío absoluto.

La realidad es que los pesos pesados del sector prefieren alejarse de este país. Las giras mundiales no cuadran, España no entra en las hojas de ruta de los músicos y poco a poco vamos relegando nuestro nombre a una segunda división. Los festivales poco pueden apostar, creando una cartera de nombres que van transfiriéndose entre los diferentes carteles en un constante déjà vu. Esto lleva a la conclusión de que esto del 21 que Montoro nos impuso a su llegada no es tema monetario. Los altos precios nos llevan a una sociedad que tiene cada vez más complicado llegar a la Cultura y esta a sobrevivir en una cuerda floja montada por los poderosos. El fin de la música en directo es una idea que comienza a aflorar.