Mujeres Y Hombres Y Viceversa Y cáncer en la música

No se contentaban con su burdo programa: también hay recopilatorio musical para el verano.

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Tronistas de Mujeres Y Hombres Y Viceversa desnudos
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Nunca veo la televisión. Solía ver Salvados porque, como periodista, Jordi Évole me parece un paradigma absoluto; ahora, prefiero verlo en Internet y abandonar definitivamente al televisor. Perder el tiempo entre su programación, tirado en el sofá, no ha sido jamás un reclamo para mí. Existe la calidad, desde luego, pero hay que pagar por ella y no creo que la llegara a aprovechar. Quien acuñara el término de “la caja tonta” se equivocó terriblemente, porque es muy lista y sabe dominarnos, aunque lo que diga sean patrañas.

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La cadena que mejor hace uso de estas es Telecinco, como se lleva años observando. Negocio en el morbo, la humillación, la decadencia y el analfabetismo. Si Sálvame tiene su objetivo en la ancianidad de posguerra, Mujeres Y Hombres Y Viceversa ha fijado su vista en la juventud iletrada que se siente orgullosa de ello. Personalmente, a cada cual con su vida. Tienen derecho a elegir lo que más les convenga. La maldad inmoral reside en el directivo que aprovecha una faceta que la sociedad debería erradicar -con educación, por supuesto, La Guillotina es un eufemismo- y la expone como a) modelo a seguir y b) foco de humillación intelectual.

¿Cuándo ha alcanzado su mayor exponente de gravedad y vejación? Atreviéndose a entrar en la música. Honestamente, no sé cuántos álbumes recopilatorios llevarán, pero da pena, grima y vergüenza ver que lanzan uno más. Querría haber escuchado esta basura discográfica para imbuirme del estado mental necesario –como hice con nuestro querido amigo Juan Magán-, pero mi integridad me impide darle una sola escucha más a ese álbum, ya el segundo más exitoso en Spotify.

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No hay que ser adivino para suponer el género que gobierna en este batiburrillo de canciones veraniegas: electro latino. Un término que no es solo una desgracia para la música latina y la profanación de un género repleto de musicalidad y talento. Lo es para todo el mundo que lo tiene que tolerar por lo denigrante que resulta y el poco talento que requiere. Cuando no es eso es Ke$ha con Pitbull. Un obra maestra, vamos.

Las cosas claras: este álbum no se trata más que de una excusa barata y tramposa de vender música chabacana para sacar dinero y, aun así, no es su faceta más repulsiva. Lo peor de este disco es que no significa absolutamente nada. Es la extensión de un estilo de vida -diría filosofía, pero no creo que esta gente conozca su significado- deleznable, una jugarreta televisiva para ennoblecer la incultura y presentar arquetipos de diarrea mental. Merchandising vulgar para un programa vulgar; la pareja perfecta.