Los músicos a examen

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El centro de Madrid ya no canta. Lo que antes eran calles abarrotadas de músicos callejeros ahora son solo paredes silenciosas, lugares a los que tu mirada acudía directamente, recordando los grupos y espectáculos musicales que ya eran parte del paisaje urbano. Con la puesta en marcha de la Ordenanza de Protección contra la Contaminación Acústica y Térmica (OPCAT) del año 2011, el Ayuntamiento de Madrid, excelentísimo donde los haya en su soberana sabiduría, regulaba todo lo perteneciente a dichas clasificaciones contaminantes y, en un alarde de genialidad y saber hacer, en su art. 41 daban las siguientes pautas para las actuaciones musicales en la calle:

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OPCAT Art. 41: 1. Las actuaciones musicales en la vía o espacios públicos no estarán sometidas a autorización administrativa en lo que se refiere al ámbito de aplicación de esta Ordenanza, sin perjuicio de que no podrán ocasionar molestias que impidan el descanso de los vecinos o el normal desenvolvimiento de las actividades propias del local receptor, ni afectar a los objetivos de calidad acústica que se establezcan por la normativa de ruido.

2. No se permitirán en el medio ambiente exterior actuaciones que empleen elementos de percusión, amplificación o de reproducción sonora, salvo aquellas que puedan autorizarse en zonas especialmente delimitadas, previa comprobación de que no produzcan perturbación de la convivencia vecinal.

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La ambigüedad de esta ordenanza en el tema de las actuaciones callejeras deja al músico a merced de la aleatoriedad de los factores: los vecinos de alrededor, el humor del policía de turno, factores que no están delimitados y pueden suponer, y han supuesto, una situación de alegalidad premeditada perjudicial para todos.

O, por otro lado, el art. 61 en su sección g), en el cual se sanciona el uso de amplificación y percusión:

[quote_box_center]OPCAT Art. 61: g) Desarrollar actuaciones no autorizadas en el medio ambiente exterior en las que se empleen elementos de percusión, amplificación o de reproducción sonora, o actuaciones musicales cuando incumplan lo establecido en el artículo 41.1.[/quote_box_center]

Una trompeta genera entre 80 y 115 decibelios, un amplificador de 15 watios no llega a los 60, ¿lógica? Perdone, me la he olvidado en casa. Mientras tanto, en pleno Callao un puesto de Pro-activ atrona media Gran vía a reggaeton… ¿cuántos decibelios será eso? Ah, que ellos pagan. Paradojas de la vida diaria.

Y al llegar la normativa específica sobre la Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE) no ha sido la solución mesiánica que se podría esperar, y más de un Ayuntamiento tan eficiente como el que tenemos. No convence a músicos, no convence a vecinos, entonces…¿A quién convence?

Toda moneda tiene dos caras y la que no, está trucada. Como somos de sangre caliente -o al menos la excusa nos sirve de maravilla-, necesitamos escoger bandos. ¿Defendemos a los músicos, con su anhelada libertad para dar luz y color a nuestras calles?, ¿o defendemos a los vecinos y su imprescindible descanso y respeto? Quizás haya llegado la hora, por una vez, de encontrarnos en un punto intermedio, un lugar en el que podremos encontrar a Ramón Rufín, vocal de la asociación de vecinos AVEPLAMA y portavoz de las asociaciones de la zona Centro en cuanto a cuestiones de la música en la calle se refiere.

La música debe ser libre para todos, el que la toca y el que la escucha.

Ramón Rufín

Los vecinos están hartos, no pueden tolerar música durante más de 12 horas de manera constante y las presuntas “mafias organizadas” de músicos callejeros son una problemática que aquí no se aborda, ni siquiera tangencialmente, y eso nos deja ver su portavoz. “Ahora que está de moda lo del relaxing cup en plaza mayor éste, me parece a mí que esta señora hace mucho que no pasa por la plaza” comenta en un guiño a la célebre frase de nuestra adorada Ana Botella, alcaldesa de Madrid, mientras lanza un mensaje claro ante la situación actual. La falta de información sobre los exámenes de idoneidad, con los que se pretenden establecer un control para conseguir autorizaciones a tocar en la calle, mantiene en vilo a todas las partes. Los vecinos piden menos horas disponibles para tocar, los músicos necesitan más, como nos comentaba Scott Abraham Singer, portavoz de la Asociación de Músicos de Madrid (AMM), ambos en reuniones con el concejal David Erguido. Sus posiciones son enfrentadas como era de esperar, pero, ¿la situación global cuál es?

Desde la implantación de la ZPAE el pasado 2012, la música está prohibida en el distrito Centro. Hasta que no se entreguen las primeras autorizaciones no habrá artistas esculpiendo notas por las calles, salvo aquellos que se arriesguen a la cuantiosa multa. En un largo paseo por las históricas calles céntricas, tan sólo me encontré a un guitarrista que, encajando las piezas, no hablaba ni español ni inglés y de ahí su desconocimiento; por lo demás, todo son coches de policía, en un despliegue que puede resultar excesivo. Y ellos están obligados a denunciar, desde este verano omitir la denuncia y dar un simple aviso conlleva la apertura de un expediente disciplinario al agente en cuestión. Ordenanzas, medidas y actuaciones a medias tintas, en un país de extremos donde no terminamos de darnos cuenta de que la solución suele estar en el cruce de cada camino. Por ello vuelvo a la reiterante pregunta sin contestar: ¿A quién convence todo esto?

A la idea de España, la cultura de la fachada donde si el exterior es bonito, los cimientos pueden estar pudriéndose; el país del trampantojo. Eliminar la música de la calle es una herida a la ciudad que jamás se podrá curar, una burla al concepto de capital europea, las cuales comparten una cultura musical en calles, bares y salas que nosotros sólo podemos soñar por el momento; ¿no somos un ejemplo de “celebration of life”, señora Botella?, pues entonces demostrémoslo. Pero el respeto es el pilar de la convivencia y la regulación justa es necesaria para todos, pero si es justa, en convención social y libre de egoísmos que poco a poco van hundiendo la cultura de esta ciudad en el fango de la ignorancia.; es hora de educar y formar -que falta nos hace-, no prohibir y censurar. ¿Qué va a ser, señor Erguido?

  • Hablatumusica

    ¿Qué te parece esta nueva normativa?