En el narcotráfico como en la música

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Uno para todos y todos para uno. En el narcotráfico como en la música, en la vida como en la muerte. Buknas. Así parece que se llama esta banda u orquesta de México. ¿Se llaman así cuando tocan, cuando utilizan su violencia y también cuando trafican con droga?

Quizá tengan tres nombres distintos. O dos. Uno para cuando son gangsters y otro para cuando suben al escenario. ¿Y el uniforme? Está demasiado blanco para haber sido manchado alguna vez con sangre. En cualquier caso esta fotografía demuestra que la música es un arte para escapar tanto de la monotonía de la oficina como de la monotonía de matar. Que también se volverá monótono, digo yo.

Ahí en medio de un patio perdido en cualquier parte de una de las ciudades más peligrosas del mundo, un grupo de amigos o de compañeros de trabajo, según se mire, hacen el clásico saludo fraternal para enfrentarse a su público. Lo escalofriante es que harán lo mismo cuando estén a punto de enfrentarse a otra banda de narcos. En vez de una trompeta tendrán una metralleta. Y quizá en ese momento que precede a la guerra no estén tan nerviosos como parece en la fotografía. Observen al primer encapuchado de la izquierda. Porque al final la música impone más que la violencia.

Jazz, bachata, blues… cualquier género podría ser el que dominaran estos tipos y las únicas pistas son dos instrumentos de viento. Imaginad que Buknas es lo mejor que habéis escuchado en mucho tiempo. Que hacen verdadero arte. Imaginad que han superado a uno de los padres del jazz mexicano, a Tino Contreras, por ejemplo. ¿Seríais capaces ignorar todo ese destrozo humano que esta banda de violentos ha dejado atrás? Moralmente sería complicado si os gusta definiros como correctos ciudadanos. Pero al fin y al cabo lo honesto sería separar el arte del artista. El narcotráfico de las notas. La metralleta de la trompeta.