Pearl Jam | Vs. | 20 aniversario

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Pear Jam en concierto

No sabemos contra quién pelearían, solo sabemos que ganaron. Quizás era contra la industria discográfica, tal vez fuera contra sí mismos y el miedo a perderse en la bruma del triunfo tras el éxito que supuso ‘Ten’ (Epic Records, 2011). Pocos o ningún grupo puede presumir de vivir el condenado fenómeno del “one hit wonder”, es decir, el éxito repentino que termina por arrastrar a los maldecidos artistas al olvido espontáneo, y salir victorioso, salvo Pearl Jam.

Con su primer álbum ya encontraron un lugar predilecto en el mediático ascenso que la escena del grunge de Seattle vivió a principios de década. Muchas bandas se encontraron con este estigma -en otros géneros motivo de orgullo y regocijo-, como Nirvana o Soundgarden, que empujó a ambas bandas a desaparecer del panorama al no saber adaptarse. PJ también tuvo sus problemas a la hora de lidiar con la excepcional repercusión de su debut, ya fuera por el descontento con el resultado como por la atención mediática que recibió, agravada por la repulsa que sus camaradas de género profesaron hacia el álbum y, por extensión, la banda.

Luchando contra la tormenta, los de Eddie Vedder mantuvieron su compostura, continuaron componiendo y, cuando realmente hay talento, esfuerzo y personalidad, la suerte te sonreirá con mayor seguridad. Así llegaron a ‘Vs.’ (Epic Records, 1993), su segundo largo de estudio, en el cual quisieron plasmar toda la brutalidad que recorría su interior y separarse del más comercial (según la opinión de la banda) debut que lo precedió.

Contaron por primera vez con Brendan O’Brien al mando de la producción y, desde entonces, no se han separado de él; algo saldría bien si, tras nueve álbumes, siguen contando con su presencia. Algo que hizo su aparición en su primer trabajo discográfico y  más tarde en todos los que lo han sucedido, es la volubilidad dinámica como pilar de su sonido, no dudando en pasar del garage funk de ‘Animal’ a las baladas como ‘Elederly Woman Behind the Counter in a Small Town’. Comienzan aquí a encontrar su propia voz, exploran la simbiosis entre los distintos miembros para lograr un resultado común que, si algo lo caracteriza, es su coherente versatilidad, ampliando su abanico desde ‘Go’ hasta ‘Rearviewmirror’ con el denominador común de que, sí, lo has notado, aquí estaban de mala leche y necesitaban dejarlo claro.

Las letras continuaron en su dirección, al igual que a día de hoy en ‘Lightning Bolt’ (Monkeywrench, 2013) -salvando los habituales temas personales que acompañan a la madurez-, pero con la añadida rebeldía juvenil de un Vedder al que todavía le gustaba escalar por los escenarios. La denuncia social y política de ‘Dissident’, los abusos infantiles en ‘Daughter’ o la interminable discusión estadounidense sobre armas en ‘Glorified G’ encuentran el foco de atención, sin dejar de lado la vertiente más íntima y personal de ‘Leash’, un clásico atemporal de la banda.

Todo lo desagradable que pudo resultar para Vedder la grabación del álbum, como han comentado en múltiples ocasiones él y Jeff Ament (bajista), expone un momento en el que aún se estaban descubriendo como banda y como individuos, el momento en el que pruebas hasta dónde te puede seguir tu compañero, lo cual resalta en la frescura del disco, la falta de pudor a la hora de sobrepasar límites que, más tarde en su discografía puede ser un motivo de cierto estancamiento. Al igual que es un momento apasionante por estas razones, también es una época en la que su talento está aún por pulir. Podemos encontrar algún fallo técnico en la constancia del tempo de Dave Abbruzzese, la voz de Vedder aún no estaba educada y no es de extrañar encontrar alguna disonancia, así como sus estridentes alaridos eran salvajes y constantes, para lo bueno y para lo malo.

Se mantienen en forma, desde luego, y veinte años después de ‘Vs.’ su rabia se conserva intacta y resulta el mayor ejemplo de evolución palpable en una banda que, si entonces eran grandes, ahora son clásicos.