Nirvana | Nevermind | 1991

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Hoy vamos a aprender como coger un exponente de la escena underground, envolverlo con un precioso vídeo para MTV, dorarlo bien hasta que quede crujientito, ese punto justo que tanto nos gusta a la masa y exponerlo bien alto, eclipsando cualquier alternativa que pueda amenazarlo. Entonces, ¡¿qué hemos aprendido chicos?! ¡Cómo violar un género! Quizás si tenemos el estómago flojo y la mente encorsetada no siente bien esta primera afirmación, y de hecho mis Revisitamos me gusta tratarlos con cierto estilo y elegancia (o al menos eso trato de conseguir), pero cuando echas la vista atrás, rebuscas entre la historia como una ingenua y ávida rata de biblioteca sobre un antes y un después como el que marcó el Nevermind (1991) de Nirvana y sus inferencias en el devenir del conglomerado musical, véase industria, músicos y público, toda elegancia dispuesta a iniciar este escrito se ve vapuleada por una denigrante y ofensiva rabia animal. Pero empecemos por el principio como debe ser, que lo malo ya irá viniendo.
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Y el principio de lo que pasaría a la historia como uno de los discos más vendidos viene con la formación definitiva de la banda. Krist Novoselic al bajo y Kurt Cobain en la guitarra, la voz y como fuerza creativa de la banda no se encontraban precisamente a gusto con su anterior batería, Chad Channing, por lo que un nuevo soplo de aire fresco resultaba necesario para el progreso de la banda. No creo que aire, ni fresco, pero no hay otra bestia al mando de las baquetas como Dave Grohl, a quien incorporaron al conjunto justo antes de comenzar la grabación del que sería su segundo disco, aun titulado provisionalmente Sheep.

El álbum en su momento supuso un giro de tuerca al sonido de la banda, desesperanzado Cobain con la situación de la escena alternativa de la época enfocó el estilo de sus composiciones en una dinámica mucho más cercana al pop. Para que el truco surtiera efecto, el resultado final está tan envuelto en distorsión, una sección rítmica contundente hasta la saciedad y alaridos desgarrados que casi pasa percibido. Pero ahí se encuentra el secreto, por ello han permanecido como himnos atemporales temas como In Bloom, Lithium o, por encima de todas, Smells Like Teen Spirit. Casi cada uno de los temas de este álbum tiene reservado un lugar especial en la memoria musical de todos los que lo han escuchado, guste o no racionalmente, están grabadas a fuego. Los pegadizos ganchos que pueblan cada uno de los cortes, las simples estructuras de los mismos, las melódica dirección de líneas sencillas, a veces tan cercanas al pop como en Lounge Act, Drain You o Come As You Are que es difícil enmascarar su naturaleza y hasta a Ramoncín le entran ganas de profanarlas con saña, a pesar de que esta última también sea un plagio reconocido, pero solucionado, admitido y sin que la sangre llegara al río. En estos giros más musicales aparecen más obvias las influencias de su líder, como John Lennon.

Otro de los detalles que alejan al álbum de su primordial origen en común a la corriente musical más comercial es el fondo oscuro y dolorido de la temática general. Como letrista, sus composiciones suelen pecar de una inconexa poesía que da campo para la total interpretación subjetiva, actuando en numerosas ocasiones como mero espectador de lo que relata, tal y como sucede en Something in the Way, cuya malinterpretación llevó al falso rumor de que el cantante vivía debajo de un puente; nada más lejos de la verdad. Este tema, a pesar de los tantísimos otros mitos instantáneos, se eleva en una posición al menos particular en el disco. Tan solo tres acordes, casi un susurro y el leve acompañamiento del violonchelo dan a luz el tema de mayor profundidad y calado sentimental, destacando entre la madeja de guitarras y ritmos vertiginosos de frenéticos temas como el enardeciente Territorial Pissings, es una canción que sigue tocando la fibra si tan solo te sumerges en ella. Sin olvidarme de mencionar que las flores son muy bonitas, pero aquí también hay malas hierbas, sin ir más lejos Endless, Nameless, una de las peores canciones de Nirvana seguro, quizás de la historia conocida. La disonancia ocupa un lugar, incluso positivamente creativo, en todo el disco, pero aquí no tiene sentido ni transmite nada más que la imagen de los artistas destrozando sus instrumentos. Sirve como desahogo final si acaso, aun así no tiene objetivo emocional, técnico o musical alguno; estruendo de aficionados sin fondo trascendente.

Si el resto de los temas más atronadores, y por consecuencia el álbum al completo, logran alcanzar el estatus del que disfrutan hoy en día y desde su lanzamiento, se lo deben en gran medida al asombroso trabajo de producción de Butch Vig, el cual no destacaba entre los grandes de su momento y consiguió tras el lanzamiento el mismo renombre que la propia banda. Obrando en la misma línea que el grupo, con el objetivo principal de sencillez exacerbada, manteniendo una composición y una estética simple, compone uno de los trabajos mejor hilados de producción, perdurando hasta nuestros días. Con detalles básicos y arreglos elementales, dota de una profundidad mayor a los recursos utilizados, forzando a la banda hacia un trabajo mucho mejor hilado, respetando su ideal de simpleza pero alzando los puntos necesarios tanto emocional como técnicamente. Parece fácil, pero encontrar la creatividad artística en la mesa de mezclas no es un suceso tan común, pero Vig realzó absolutamente los puntos justos y necesarios con una visión y un entendimiento de la banda absoluto.

Pero el disco tenía que salir y, al igual que pasó con Elvis, más tarde con The Beatles o recientemente con The Strokes o Arctic Monkeys, la industria necesita remolcarse con la próxima banda puntera para alcanzar lo que se conoce como ampliación de mercado. Recoge a un grupo del “pantano” alternativo, dale suficiente dinero, averigua como venderlos y te llevas de regalo una escena y un género completos. Así el grunge salió a la superficie y poco a poco fue perdiendo su esencia. Así Kurt Cobain acabó desquiciado y poniendo fin a su vida. Porque el mismo motivo por el que creó Nevermind tal y como es, se mediatizó hasta tal punto que le resultó incontrolable, intolerable.

El álbum fue un éxito generalizado, hasta día de hoy ha vendido más de 30 millones de copias en todo el mundo y 10 millones tan solo en Estados Unidos. Su influencia es innegable, tanto en la ayuda al descubrimiento global del grunge y la escena alternativa de Washington, como a la dinámica por la discurriría la música durante los noventa en contraposición a la engalanada pomposidad de los ochentas. El álbum entraría en la mayoría de listas de mejores discos, como en “Los 500 mejores álbumes de la historia” de Rolling Stone en el puesto 17, Pitchfork lo situaba el 6º de la década de los noventa o el 8º en la lista de Guitar World Las 100 mejores grabaciones de guitarra”. Quizás debido a ello, los guitarristas comenzarían a imitar el sonido de las de Cobain, a pesar de su dudosa calidad; la música comenzaría su búsqueda de sonidos rabiosos, discordes y enguarrados; el estilismo desaliñado y la actitud provocativa heredada del punk pasarían a ser moda y, como toda moda, se desvirtúa irremediablemente.

  • Fue grabado por:

Butch Vig (producción)

Kurt Cobain (voz, guitarra)

Krist Novoselic (voz, bajo)

Dave Grohl (batería, coros) 

  • Personal adicional:

Chad Channing (percusión en Polly)

Kirk Canning (chelo en Something in the Way)                                

  • Lanzado por:

DGC el 24 de septiembre de 1991.

  • Grabación:

de mayo a junio de 1991 en Van Nuys y North Hollywood, CA y abril de 1990 en Madison, WI, EE.UU.

  • Duración:

42:38

  • 5 discos de platino en Australia y Argentina; 3 en Japón; 2 en Alemania, Suecia y Reino Unido; 1 en Austria, Brasil, Polonia y Suiza; 1 de oro en Finlandia e Italia y 1 de diamante en Canadá, Francia y Estados Unidos.

El mayor mérito musical de la banda de Seattle fue lograr un conjunto potente pero pegadizo, duro y corrosivo en su forma pero llamativo y fácil de conectar en su fondo. Más allá, su valía técnica no brilla por su calidad, asomándose tímidamente en detalles de, sobre todo, su magnífico batería, pero instrumental o estructuralmente no hacen alarde de ningún poderío virtuoso; alguno, como Grohl,porque no quiere y otros como Novoselic o Cobain porque no dan para más. El regocijo en la sencillez no abre las puertas a más, pero el peso emocional, circunstancial y comercial del álbum rellenó todos los huecos vacíos. Un detalle personal que me sucede frecuentemente, es que siempre que oigo, y lo oigo demasiado para ser cierto, que un baterista “destroza la batería” o que “toca tan fuerte que los demás no nos podemos oír” me suben las carcajadas a borbotones por la garganta; simplemente señalarlo para saber si no estoy solo en este, ya un acto reflejo ante tal absurdez.

En una nota más seria y referente, el engranaje industrial necesita de lubricación y aprovecha estos hitos generacionales para expandirse y evitar por un poco más de tiempo su irremediable arcaísmo. Siempre aparece un grupo o grupos que representan la nueva camada de juventud incomprendida, desarraigada; cada cierto tiempo, formaciones musicales dan voz a estas bocas enmudecidas y, como cada vez, acaban siendo absorbidas por una mano amordazadora. Esta tiene unas normas establecidas que se repiten con cada salto generacional, ya sea un vídeo en MTV o la homogeneización en la castración creativa, su intento de control se ve reforzado hasta que, quizás algún día, deje de funcionar. Aunque ya ha dejado suficientes cadáveres por el camino.

“(sobre el éxito del ‘Nevermind’) No estábamos preparados para eso. No era nuestra meta. No nos importa nada de eso. Solo esperábamos que al que le gustara el primer disco, le gustara este también” 

– Kurt Cobain, cantante y guitarrista de Nirvana.