Rivers: lo que Mumford & Sons querrían y no podrían ser

Una nueva especie de folk, de la tranquilidad de Bon Iver a la paranoia del rock experimental.

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Rivers en un lago
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[dropcap type=”1″]C[/dropcap]ada vez con mayor asiduidad y descaro, el folk y el country se alían con el pop comercial. Donde antes había trágicos relatos de muerte y dolor, de historia y tradición, ahora se agolpan coros de “ooh” para reventar estadios y congelar el alma. Esta sea seguramente su alianza más insustancial. Por otras vertientes, aparecen raíces del jazz, del rock experimental y de una sutil psicodelia, hermanadas bajo una fulgurante banda: Rivers.

Bajo esta premisa juegan Dexter Wolfe, Colin Carey y Pat Kuehn. Los horizontes estilísticos no representan obstáculos para el trío, logrando sobrepasar categóricas asunciones sobre su sonido. Respiran aires de Bon Iver, pero su multitud de estratos sonoros y la precisa mezcolanza de géneros los convierte en una corriente propia, única. No es de extrañar que el propio batería de la banda de Justin Vernon, S. Carey, apoye al grupo.

El trío estadounidense acaba de publicar su primer álbum de estudio, ‘Of Dusk’ (Autoeditado, 2014). Grabado de manera amateur en su propia ciudad, Eau Claire (Wisconsin), las sesiones tuvieron lugar en habitaciones y apartamentos de los miembros y amigos de la banda -incluso se compuso parte del álbum en España-. Esta situación resulta familiar para muchas bandas en ciernes; la diferencia es el sonido que han alcanzado aquí.

La riqueza de matices, la inmersiva producción, las armonías que campan en su multitud de facetas musicales, la orquestación, todos estos detalles hacen que los cuatro años de gestación del álbum hayan merecido la pena y, desde luego, te merecerá la pena a ti escucharlo.