En el que la Rolling Stone me metió por el culo una sesión de fotos

Navegando a través de las cloacas de la industria musical.

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Llevábamos años tocando. Estábamos a punto de acariciar el éxito. Faltaban unos dos meses para lanzar el primer largo. Nuestro sello, un grupo de pijos culturetas de sexualidad abierta que iban siempre en traje, eran nuestros guías. Nos fiábamos ciegamente de ellos, en parte porque no teníamos ni puta idea de movernos en aquel mundo de exclusivas, singles, fotos, entrevistas… sólo éramos cuatro tíos con barbas que queríamos ser Los Planetas de nuestra generación.

Nos llamó la jefa del sello. Una tía de unos 40 años pero que tenía un no sé qué que qué sé yo… que te la follabas, vamos.

– Oye guapos, hoy tenemos una entrevista en la Rolling Stone.

– ¿En serio?¿¡ Nos va a entrevistar la mismísima Rolling Stone!?

Para entonces ya había manchado los pantalones.

– Ya sabéis, preparad bien lo que vais a decir que os va a leer mucha gente.

Y en seguida nos pusimos manos a la obra, los tres músicos que me acompañaban en el escenario y yo, Richi Amador, pensando en cuál debería ser nuestra actitud. Macarras, pero no tanto como Pete Doherty. Nuestro humor debía ser salvaje. [inlinetweet prefix=”” tweeter=”” suffix=””]Malos, sí. Rebeldes, también. Pero encantadores.[/inlinetweet]

[quote_center]Richi Amador en la industria cinematográfica[/quote_center]

Estábamos en la puerta de Prisa Revistas. Nos temblaban las piernas. Llegamos a una sala donde nos comunicaron que teníamos que esperar unos minutos. ¿Y si nos hacían preguntas demasiado profundas, sobre géneros o influencias? No teníamos influencias, éramos auténticos. Sonábamos a nosotros y bla, bla, bla… se nos había olvidado ponernos de acuerdo en esto.

Con los nervios me tuve que echar un tirito en el baño.

Nos llamaron y pasamos a una sala enorme llena de focos, con las paredes blancas y telas colgadas. Era un plató. Había dos fotógrafos y una tía escandalosamente buena que debía de ser la periodista.

– Bueno, vamos a empezar con la sesión de fotos. Tenéis que poneros la ropa que hay en ese armario.

– ¿Estas son las fotos para la entrevista?

Pregunté con cara de idiota, no entendía muy bien por qué teníamos que cambiarnos de ropa.

– ¿Entrevista? ¿Qué entrevista?

– Nos dijeron que nos iban a entrevistar para la Rolling Stone.

– Pues no, este mes tenemos que hacer un favorcito a un par de marcas de vaqueros y vosotros tengo entendido que necesitáis promoción. Una por otra. Vosotros os vestís con la ropa que os he dejado y nosotros ponemos vuestro nombre en la revista… no sois modelos pero dais el pego.

– ¡Me cago en la puta! Voy a llamar al sello.

[quote_right]Richi y su folkie segundona[/quote_right]

Y me di la vuelta y llamé a la cuarentona cachonda que nos había gestionado este asunto. No contestaba. Nos la había jugado la muy puta.

Me resigné, tampoco era plan de montarla en la Rolling Stone, me lo tuve que tomar como una toma de contacto con este mundillo infame.

Nos vestimos con las marcas que nos obligaron y posamos para ellos. Podría haber sido divertido pero la mayoría del tiempo nos sentimos ridículos. La sesión tuvo sus momentos, sobre todo cuando el bajo intentó ligar con el pivón que organizaba todo el tinglado. Pero estábamos jodidos. [inlinetweet prefix=”” tweeter=”” suffix=””]Aquello era una broma de mal gusto. Éramos músicos, pero no nos hicieron sentir así en ningún momento. Parecíamos cuatro soplapollas[/inlinetweet]. Cuando vimos el reportaje en la revista nos explotó la cabeza de tanta vergüenza ajena.

Y además, nunca supimos si quien nos la metió doblada fue el sello o la revista.