Safe Barracks: del infierno de Irán al Apocalipsis de Londres

Un cuarteto multicultural que confluye entre la electrónica más experimental, el pop y la intensidad.

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Caras de Safe Barracks.
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La Biblia se encargó de señalar con su dedo inquisitivo a Babilonia como la ciudad de la lujuria, el centro del desparrame y la lujuria abocada al fracaso y a la decadencia, una metáfora de muros y casas donde el crisol de culturas solo conducía al auto exterminio. Londres tiene un poco de lo que fue realmente aquella ciudad y de lo que las sagradas escrituras se encargaron de pintar.

La música británica aún anda buscando su sitio. Desde el final del revival indie-rock que azotó las islas la década pasada, su música aún se resiente, no encuentra un rumbo claro fuera del éxito de Arctic Monkeys, The XX o ese hombre que siempre camina en solitario bajo el nombre de James Blake. Entre cientos de bandas que se mueven por los pequeños garitos de la ciudad están Safe Barracks, una formación que llega cargada de electrónica pero que poco o nada tiene que ver con lo que se escucha en tantos sitios.

Con apenas dos canciones para escuchar, el sonido del cuarteto despierta el interés necesario para ganar confianza de cara a pensar en algo mayor. Oscuridad, contundencia y estampidas sonoras se revientan contra los altavoces en ‘Who Forgets Is Who Regrets’, una canción que bebe de lo que Dave Harrington y Nicolas Jaar ya ofrecieron con Darkside en ‘Psychic’ (Matador, 2013); una banda sonora para el ocaso, el Apocalipsis o el final de la noche más oscura.

Con síntomas de unos Battles más espirituales y nocturnos, con la mente puesta en los Radiohead más experimentales o con la ambición de los primeros y cambiantes The Prodigy, sus inquietudes sonoras se dejan sentir; proyectan la ambición del que quiere cambiar todo el chiringuito de modas en el que vive eternamente Inglaterra.

La gestación de lo que hoy es Safe Barracks lleva años creándose. Kaveh Ayati y Patrick O’Keefe iniciaron a finales de 2011 una aventura sonora a la que acabó uniéndose el artista Léo Bodelle y el batería de estudio Michael Benöhr. Los cuatro conforman el sonido de lo que es la formación establecida en la capital británica; un amalgama de culturas y estilos que también representan a una ciudad como Londres.

La música de la formación británica tiene ese punto de explosión tras haber vivido reprimida, una urgencia experimentada bajo la piel de Ayati. Iraní, el músico pasó tres meses en una cárcel de su país por tocar melodías demasiado occidentales en un concierto de rock. El viaje le llevó a construir la música sin ataduras en la que viven unos Safe Barracks que han llegado para ponerle canciones a lo complicado de los días.

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