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¿Dónde ha quedado la radio?
Los estudios nos guían a través del cambio. Nos permiten sacar razón al caos del presente. Uno de estos dadores de lógica es Ofcom, compañía británica que regula el uso de las telecomunicaciones en Reino Unido. En uno de sus estudios, salía a relucir el cambio de paradigma entre la juventud incipiente y la generación inmediatamente anterior. De los 16 a los 24 años, a la gente se le está olvidando lo que es la radio.

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Un 30 % de la muestra escucha música a través de plataformas de streaming, mientras en la franja de los 24 a los 35 es un 65 %. Del primer grupo, tan solo un 24 % busca melodía entre los diales. Los distintos usos de las nuevas tecnologías pertenecen a la juventud, pero hay que cavar más profundo para buscar el sentido.

La música más escuchada en estas plataformas siempre es el pop comercial. Un género en el que prima la instantaneidad, la accesibilidad y la rápida expiración. Eso mismo es lo que ofrecen las plataformas de streaming y, aunque tratan de aumentar la densidad de su contenido, lo están comenzado a hacer cuando ya nos hemos acostumbrado a pasar de canción antes de que acaben, sin detenernos a indagar.

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La historia detrás de una composición, la relación entre géneros y artistas, la reflexión sobre la Música, todo ello son vestigios del pasado. Un pasado que se mantiene vivo dentro de la radio. ¿Por qué no se trasvasa el formato? Porque es imposible. En Internet, tú eres el usuario activo, el que busca si quiere, pero al que no se le ofrecen todas las herramientas. El profesional tras el micrófono te ilustra, se documenta, investiga donde quizás tú no conozcas y lo brinda ante tus oídos.

Cada plataforma de escucha, del vinilo a Spotify, tiene sus pros y sus contras, sus flaquezas y su don. El modo de uso es distinto porque sus cimientos son radicalmente diferentes. El problema de todo esto no está en si la modernidad es buena, mala o regular, o el acetato es mejor que los servicios digitales: es nuestra mentalidad, la del joven usuario.

Todo tiene su momento, pero no debemos desequilibrar las herramientas que sacian nuestra inquietud. Es tan loable hacerse una playlist en una plataforma de streaming como encender la radio y dejarte mecer entre historias, pero ninguna debe abandonarse a su suerte. Lo queremos todo cuanto antes y, por ello, es imposible que profundicemos en las aristas que todo conlleva. Dejémonos llevar por la parsimonia que amplía nuestros horizontes para que, cuando lleguemos a ellos, sepamos por donde retomar nuestro camino.

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