The Abigails: los hijos bastardos de Johnny Cash

Rock desértico influido por el Hombre de Negro y bajo contrato de Burger Records.

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Warren Thomas de The Abigails con un parche en el ojo.
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[dropcap type=”1″]A[/dropcap]l nombre de Warren Thomas responden tres personas: un vendedor de cuchillos, un humorista y otro que es músico. Aquí no hablamos de cuchillos y todo esto es muy serio. El que queda es alguien de aspecto peligroso que parece funcionar por arrebatos, uno de esos malditos personajes que Sean Penn se encontraba en cualquier calle del pueblo de ‘Giro al Infierno’ (1997).

También podría pertenecer a la corte ambulante del reverendo Tuttle en ‘True Detective’ o a cualquier personaje siniestro del sur de Estados Unidos. En lugar de ello, Thomas baila con el diablo y además tiene una banda: The Abigails.

La mirada perdida de Thomas debió poner su trayectoria sobre Johnny Cash en algún momento. Y luego lo olvidó. Se marchó de gira con The Growlers y más tarde abandonó la furgoneta. Y ahí volvió a acordarse de la alargada sombra de Cash. De sus ritmos, de su voz y del universo completo del de Arkansas. Y Burger Records le contrató.

Así sacó ‘Songs of Love and  Despair’ (Burger, 2013), un álbum cargado con un sonido con el que bailar abrazado al peyote en el desierto de Arizona. Con el sello de California también le toca estar en una furgoneta, aunque no sepa ni lo que dice y meta en su banda a una chica con una guitarra que no toca ni un acorde y que solo se limita a sonreír.

Pese a lo bueno del debut, ‘Songs of Love and Despair’ tuvo poca relevancia. Quizá el aspecto brusco de Warren Thomas no ayude. Tampoco que dedique el tiempo a decir que Satanás es su amigo o que ha pasado una temporada en la cárcel. Directamente puede suceder que sus canciones y su estilo no tengan atractivo en esta época.

Ahora The Abigails vuelven con otro trabajo: ‘Tundra’ (Burger, 2014), un álbum en el que siguen buscando las lecciones que su padre ilegítimo Cash les dejó en vida y en el que además se adentran en cierto sonido Tin Pan Alley para terminar de darle forma a un sonido que quizá acabes amando. Si no, espero que encuentres consuelo en el vendedor de cuchillos.