The Times They Are a-Changin’ | Bob Dylan | 50 aniversario

“Si nunca es nueva y nunca envejece es que es una canción folk”. Un rostro en la penumbra, un cigarro colgado de la boca, un taburete, una guitarra y veinte personas sentadas al otro lado del escenario en un club cualquiera de Greenwich Village.

Una buena frase que pudo ser pronunciada por Van Ronk en cualquiera de los recitales que dio en el barrio de Nueva York, o eso al menos nos incita a pensar la última obra maestra de los Coen, ‘Inside Llewyn Davis’ (2014). Pero entonces llegó un tipo bajito, delgado y con la boca enganchada a una armónica, su nombre era Bob Dylan y cuando comenzó a tocar ya era evidente que la definición de folk nunca volvería a ser la misma.

Cuando los músicos folk vagaban por esa cara oeste de Manhattan en busca de un lugar para tocar, un sofá para dormir y un público que empezara a amar por fin el folk, Bob Dylan todavía era una tímida parte de ese puzle. Finales de los 50’. Nadie sabía que pocos años después comenzaría la era del poeta más grande que ha dado el folclore americano. Y no hay suficiente espacio en la sombra de un tipo tan menudo como Dylan.

Sabía exactamente qué quería decir y a quién quería decírselo

Primero fue ‘Bob Dylan’ (Columbia, 1962), John H. Hammond le echó el ojo pero el disco no pasaba de ser un conjunto de viejas canciones del folk tradicional. A sus 20 años Dylan no llamó demasiado la atención. Después llegó ‘The Freewheelin’ Bob Dylan’ (Columbia,1963), los temas ya empezaban a ser suyos aunque utilizara composiciones antiguas, tras varios maratones de conciertos en directo comenzó a destacar en la escena de todo el este americano. Entonces el músico se implicó en el movimiento por los derechos civiles, fue en ese momento cuando su figura se transformó en el icono cultural que hoy sigue siendo.  Y hace justo 50 años, el 13 de enero de 1964, lanzó el primer álbum compuesto exclusivamente de canciones propias. La pobreza, el cambio generacional que iba a sacudir un país embelesado en sí mismo o el racismo fueron los pilares que sostienen la poesía de este genio en este trabajo titulado ‘The Times They Are a-Changin’ (Columbia, 1964).

La canción que da nombre al álbum fue un himno para toda una generación. Versos cortos y directos y una melodía influida por baladas irlandesas y escocesas. “Sabía exactamente qué quería decir y a quién quería decírselo”. ‘The Times They are a-Changin’, la canción, es una obra maestra imperecedera, pero su profundo mensaje sobre esa brecha generacional ha sido manoseado y perturbado durante los años, sobre todo por Bob Dylan. “No es una canción, es un sentimiento, no tiene nada que ver con la época”, eso ha llegado a decir el músico.

También era un disco que hablaba de la necesidad de acabar con los ídolos y sin embargo Dylan cayó en la contradicción de incluir en el vinilo un poema donde aparecían todos esos personajes que idolatraba como Johnny Cash, Edith Piaf, William Blake o Miles Davis. La contradicción siempre ha formado parte de la personalidad de este inclasificable animal artístico.

The Times They are a-Chaning’ se grabó en el verano del 63’, en el máximo apogeo del movimiento pacifista con el que simpatizaba Dylan. De ahí la crudeza de los temas y la temática reivindicativa que lo convertiría en una obra única dentro de la protesta social. 10 canciones y seis de ellas protestas contra el orden establecido. ‘Ballad of Hollis Brown’ es sin duda la más dura de todas. La historia de una sombría granja de Dakota del Sur en la que un agricultor, su esposa y sus cinco hijos intentan sobrevivir en una situación de extrema pobreza. La épica de su sonido tiene mucho que ver con las melodías que nacieron en los montes Apalaches, desde Alabama hasta Canadá.

La historia del asesinato de Medgar Evers, un activista por los derechos civiles, estaba retratada por la voz de Dylan en esa fea historia de racistas e injusticias que nacían en el Mississippi y que se titula ‘Only a Pawn in Their Game’. En la misma línea sigue ‘The Lonesome Death of Hattie Carroll’, una maravillosa canción sobre el asesinato de una criada afroamericana llamada Hattie Carroll, madre de 11 hijos y presidenta de una asociación afroamericana.

Un Dylan escupiendo al micrófono las injusticias de un país a la deriva que todavía no conseguía despegarse de la muerte de John F. Kennedy. Pero fue el último para Dylan. En este disco murió la canción protesta para el músico de Minnesota. La influencia estética fue bestial, la moral de las personas cambió, fueron golpeados por la voz de Dylan. El folk mutó y su significado creció. Pero él se dio la espalda a sí mismo para seguir creciendo y adentrarse en otros terrenos musicales… Y eso es otra historia.

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