Pedro Moral

El tono oscuro que anunciaba la falsa reina de la sensualidad está en ‘West Coast’. Será un álbum “casi imposible de escuchar”, dijo Lana del Rey. Eso no se lo cree nadie, lo tendremos hasta en la sopa, pero sí es cierto que las líneas sombrías se repiten en la extraña melodía de una canción evocadora detrás de cuyas notas está Dan Auerbach, la mitad de The Black Keys. Más allá de esto, [inlinetweet prefix=”” tweeter=”” suffix=””]sus morros sueltan los mismos versos idiotizados que la han convertido en uno de los productos más vendibles de Estados Unidos.[/inlinetweet]

Sheila Martín

[inlinetweet prefix=”” tweeter=”” suffix=””]No se podría decir que ‘West Coast’ no cumple las expectativas porque en realidad nunca las hubo.[/inlinetweet] Lana del Rey se filtró en el mundo de la música buscando poner nombre a su imagen y es algo presente desde la insípida e igualmente conocida ‘Videogames’. Ahora la estadounidense ha vuelto con un tema en el mismo nivel de susurros indiferentes donde la sutil mejoría corre a cargo de la línea instrumental, que armoniza percusión y sintetizadores queriendo desenvolverse de la desgana.

Jose Roa

Lana del Rey no es buena, en eso desearía coincidir con una industria que no duda en adular a una de sus más efectivas creaciones. Ahora bien, ‘West Coast’ posee un trasfondo musical acechante, sensual y cautivador más deudor de la mitad agraciada de The Black Keys -que bien podría haberse guardado estas ideas para su propia banda- que [inlinetweet prefix=”” tweeter=”” suffix=””]del androide de Nancy Sinatra al que pretende emular del Rey, la cual mantiene su cruzada por no progresar como cantante.[/inlinetweet]

Richi Amador

No hay límites en la estridencia de Lana del Rey. La muchacha ya advirtió de su corta inspiración antes de atreverse a lanzar cualquier pifia y ‘West Coast’ no le quita la razón. La neoyorquina vuelve a dejar constancia de que [inlinetweet prefix=”” tweeter=”” suffix=””]su misión en esta vida cruel está más cerca de una campaña para H&M que de la música profesional[/inlinetweet]. Más de cuatro minutos aguardando el momento del estallido oficial y éste no da señales de vida, disipado entre gemidos repetitivos y una melodía insustancial.

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