lunes, 21 enero 2019

LA GUILLOTINA

Columna de opinión a cargo de José Roa, redactor de Hablatumúsica.

Siempre he visto con cierta desconfianza, algo de tristeza y sobrado recelo el fenómeno de las celebridades infantiles, rostros inocentes camuflados como artistas y manufacturados como máquinas inacabables de rentable “merchandising”.

Rimas vacías

Ese rap de lujos, limusinas, chicas en bikini y pistolas en mesas inundadas de coca creía haber visto su velatorio, pero siempre hay quien trata de resucitar el cuerpo sin vida. Vida que le otorgó durante demasiado tiempo un público que, confundido, los veía como modelos a seguir y metas por alcanzar.
No poseemos una protección natural por la cultura, no sentimos esa necesidad práctica, quedando todo en bonitas palabras muy elogiadas, pero que resultan vacías de sentido cuando no se apoyan en actos consecuentes.
Vivimos en tal ciclón informativo que, incluso cuando disponemos sobradamente de tiempo, tenemos la sensación de que no. Textos cortos, vídeos, fotos, gráficos, pero, ¿palabras? ¿Trabajo en la redacción? Ugh, que asco.
Compartir es adquirir algo de tu propiedad y cederlo a otras personas para su uso. Compartir es vivir, dicen. Robar es sustraer a otra persona algo que es de su propiedad.
Un Violín a la Deriva
En España nos permitimos el lujo de no otorgarle la nacionalidad española a Ara Malikian. Está claro que no se quiere que el talento surja en España, pero es que tampoco queremos que venga de fuera.
La Falsa Bohemia
La banalización cultural lleva consiguiendo nuevos récords durante demasiado tiempo. Siempre ha existido el irremediable anhelo por la novedad y parecer ser una lacra de la que la humanidad no logra desprenderse.
¿Quién no ha querido tener un grupo cuando era pequeño? Te juntabas con tus amigos, aporreabas los instrumentos y soñabas viendo a tus grupos favoritos estar en su lugar, con los focos en tu rostro y la fama llamando a tu puerta.
Hablo por supuesto de la inminente puesta comercial que va a tomar el clásico Palacio de la Música de la Gran Vía madrileña, en su origen auditorio, luego cine, pero siempre cultural. Hasta ahora.
Hatsune Miku, la última excentricidad de la isla cuyo sol naciente ha pasado de gobernar una tierra milenaria a tener que observar esta aberración musical.
Esta industria, la que nos ocupa, no ha estado siempre. Hace ochenta años nadie grababa discos, la música era un elemento vivo cambiante, movible, hecha por nómadas.
¿Por qué quien revoluciona el concepto de escuchar música se empeña en ofrecer la publicidad como se ha hecho siempre? Guillotinazo a la insistencia publicitaria en streaming.