Animal Collective | Centipede Hz

Los amantes de la banda neoyorquina Animal Collective llevábamos mucho tiempo esperando la reunión al completo de sus componentes, tras la incorporación de Deakin, y la publicación de una nueva obra después de la apabullante Merriweather Post Pavillion en 2009Ahora que ese día ha llegado, y sale a la luz Centipede Hz parece que muchos de dan cuenta por primera vez de que los de Baltimore son humanos, aunque superdotados para la música, y lo que publican es solo un LP y no una bomba atómica. De hecho, las comparaciones son odiosas, y no alcanza la excelencia, el buen gusto y el equilibrio delicioso de esas obras maestras que son el Merriweather y el Strawberry Jam.

No debería sorprendernos. Un músico no solo compite con su propia habilidad, sino con los tiempos cambiantes y la certeza de que resulta más exitosa una obra por la frescura de su inocencia primeriza que por la introducción de mejoras y más recovecos en los que guarecerse. Y es que este nuevo disco es mucho más orgánico que sus predecesores, como un animal que repta, con mil patas diferentes que se retuercen, de forma que nunca está en el mismo punto y siempre existe una nueva perspectiva para descubrirlo. Está claro que en ese sentido, estos cuatro lumbreras han alcanzado su máxima cota, después de superar todos los ochomiles del planeta, muy por encima del techo del mundo.

Así, para mí sí fue un auténtico bombazo Today’s Supernatural, seguramente una de las mejores canciones del grupo en toda su discografía, tanto porque es un tiro directo a la sien con ese ‘lelelelelelele go’ gritado por Avey Tare. Un single de los que ya no quedan, y que sabe resumir perfectamente el espíritu del disco, que abandona el sentido estrictamente electrónico para marcarse una experimentación más analógica con sabor añejo que combina los ritmos casi africanos y las especias del rock más visceral. Todo unido estrechamente, como si formase parte de una misma persona. Es lo que diferencia a los buenos grupos que exploran musicalmente durante toda su vida, y no son simplemente jóvenes adultos que prueban el LSD y se juntan a divagar, como ellos mismos también hicieron cuando empezaban con su proyecto anterior, Automine, donde todavía faltaba Panda Bear. Es la diferencia entre los Beatles de Tomorrow Never KnowsI am The Walrus, y 21st Century Schizoid Man de King Crimson. Que a ellos les basta con la música para flipar.

El disco comienza con Moonjock, golpes brutales ya abren las puertas de la percepción ante lo que pueda venir, pero pronto llega el ambiente denso de los sintetizadores, que te engulle como la boca de la portada, y no te deja respirar hasta que termina Centipede Hz y uno siente como si acabara de salir de una piscina helada. No hay singles, no hay concesiones. Pero es lo que diferencia a un grupo de leyenda, que si uno escarba levemente, descubre joyas como Applesauce, Monkey Riches, una de mis favoritas. También rarities como Wide Eyes, el primer solo de Deakin, pura psicodelia apabullante.

No obstante, es cierto que es un disco menos redondo, a pesar de que el cienpiés extienda sus patas por cada uno de los cortes. A algunos esto les puede parece una decepción, tras 3 años en los que el único alimento de los fans han sido proyectos extravagantes y alguna jam que otra, como Honeycomb/Gotham. Lo que no entienden ellos es que lo que es una proeza a sobrevivir a un proyecto tan absorbente y de tanto desgaste como uno de electrónica experimental. Y este es uno de leyenda, joder.

Carlos Naval
Carlos Naval
Periodista. Formó parte de la redacción de HABLATUMÚSICA de 2010 a 2013. Actualmente continúa su carrera en diversas compañías del sector de la Comunicación.