Beach House | Bloom

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En una casa frente a la playa todo va a cámara lenta, como si fuera un sueño maravilloso en el que todo está donde debería estar. Beach House transmiten esa deliciosa sensación en cada una de sus discos, como si uno despertara y viera el mundo por primera vez, con la misma indiferencia de alguien que no tiene prisa de llegar a ninguna parte. En ese sentido, la pareja que forman Victoria Legrand Alex Scally es casi perfecta -un dúo que forma un grupo y consigue que funcione casi siempre lo es-, puesto que ambos se dan exactamente lo que necesitan, de forma que con menos recursos de los que se le supone a un grupo que ha dado la vuelta al mundo, son capaces emocionar como los que más.

De hecho, cuando empieza Bloom (escúchalo gratis aquí), uno tiene la sensación de que todo estaba oscuro y ve como, poco a poco, la sala se llena de la luz densa, como si se tratara de una especie de miel que se desparrama y descubre casi con dificultad a una criatura aterradora e increíblemente hermosa. Myth resume perfectamente ese sentimiento, explorando los pequeños recovecos de la voz de Legrand, esa cantante medio francesa que se ha echado a las espaldas a toda una generación de mujeres del pop con una personalidad que mira más allá de los gorgoritos y los cantos de sirena. Y lo cierto es que, cada vez más, se nota que su cálida voz ha llegado a su plenitud, puesto que llena todo el volumen del lugar en el que se encuentre y deja sin aire a quien la escucha. Es tan agradable que uno se sentaría frente a ella como si se tratase de una hoguera crepitante.

Los cortes discurren con calma, sin ninguna bestia en su interior, con la placidez de quien está en una casa junto a la playa- no me digáis que no es el nombre del grupo que mejor refleja su música-. Así, Wild camina junto con las guitarras y los coros que se pierden para siempre, Lazuli, posiblemente el mejor corte del disco, se entrega en las manos de una escalera de teclas que acaba en lo más profundo del océano, en las voces que lo están llamando. “It’s nothing like Lapis Lazuli… Let it go, back to me”. Pero no hay dos caras de la moneda. Con Beach House uno no se la juega. Apuesta al caballo ganador, sabe que va a salir rojo en la ruleta de la suerte y los ojos de la serpiente en los dados de la fortuna.

Hay tres discos anteriores que no engañan y que han servido para crear todo un sello. Troublemaker surge como un quejido, al estilo de su maravillosa Silver Soul de Teen DreamThe Hour al sonido ambiguo de NorwayNew Year se acerca algo más a lo que fueron una vez, allá por su LP debut y homónimo, cuando tenían todo un mundo por descubrir, un oasis que puede engañar, porque con Whishes volvemos a la tónica de Heart of Chambers, que sentó cátedra y el estilo que caracterizaría a la banda a partir de Devotion.

Es una lástima importante que estos chicos nunca se guarden un as en la manga para dar una sorpresa de última hora. Es cierto que consiguen así ser más fieles a sí mismos que nadie, y que el dúo es fructuoso como pocos, aunque la mayoría de parejas en la actualidad les superan en innovación -los que no lo son suelen irse muy pronto por el sumidero de las grandes promesas perdidas-, ya sean Randy Randall Dean Allen Spunt de No Age, Bethany Consentino Bobb Bruno de Best Coast o Brian King y David Prowse de Japandroids. Eso les hace perder bastante frescura, a pesar de que su género no tiene fecha de caducidad. Suponemos que desoirían el consejo de alguien que les anima a adentrarse en caminos desconocidos, así que únicamente diremos que brindamos si el futuro nos da más delicadas piezas de arte de este grupo de Baltimore. Lo cierto es que han dado al dream pop unas buenas vacaciones y han dejado el listón más que alto para lo que tenga que venir.

Carlos Naval
Periodista. Formó parte de la redacción de HABLATUMÚSICA de 2010 a 2013. Actualmente continúa su carrera en diversas compañías del sector de la Comunicación.

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