Black Sabbath | 13

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Black Sabbath | 13

VERTIGO

7.4

El yunque y el acero vuelven a arder. De nuevo, tras 35 años, la formación inicial de los padres fundadores del heavy metal, Black Sabbath, se reúne en el estudio con su cantante original, Ozzy Osbourne, para dar forma a su decimonoveno largo, ‘13′ (2013). Tras desavenencias contractuales, Bill Ward (batería de los de Birmingham desde sus inicios) se desligó del proyecto, dando cabida a la entrada de Brad Wilk a la batería. Es una pena no haber podido disfrutar de un reencuentro discográfico total, pero ello no eclipsa que tenemos en nuestras manos un regreso triunfal, auténtico y que venera sus raíces.

Aunque se encuentre bajo un envoltorio de modernidad, al oído no se le engaña tan fácilmente; todos los ingredientes se encuentran en el lugar que se quedaron: letras oscuras con continuas referencias a Dios y al demonio, riffs pesados y en constante movimiento, estructuras variadas de cortes abruptos, bajos saturados que no cesan de fluir entre una tormenta de líneas imparables.

La apertura del álbum no podría ser más certera, con dos temas que nos retrotraen al Sabbath primordial, a los primitivos golpes pesados de dinámica parsimoniosa de ‘End of the Beginning’ y ‘God Is Dead?’, dejando claro que la memoria no les falla. Un ritmo cadencioso que marca golpes paulatinos y precisos en los que la voz de Osbourne despliega ese cariz siniestro al que acostumbra y ha marcado un género.

Tanto recurren a su tradición propia que, a pesar del fantástico nivel general en el que demuestran que el final ni siquiera está próximo, varios cortes beben de algunos de sus clásicos cortes en lo que, también, puede entenderse como un guiño o un tributo a sus seguidores o a ellos mismos. En ‘Zeitgeist’ recurren a la temática espacial y al estilo psicodélico acústico del mítico ‘Planet Caravan’, como si se tratara de una secuela para aquel viaje cósmico en el que su retorno en este trabajo sufre con la comparación, aunque no sea drásticamente, pues su suavidad empuja una emotividad velada que, de nuevo, continúa fascinando en la vertiente solista del jazz inmemorial de Tony Iommi. Incluso podemos regodearnos en el detalle de las inolvidables campanas de su archiconocido ‘Black Sabbath’ en el cierre de ‘Dear Father’.

Con ‘Damaged Soul’ elevan el listón a un nuevo estrato. Las claras referencias al blues que tanto les influenció en sus comienzos aquí quedan patente, un corte extenso donde el “feeling” de las guitarras vocifera a pleno pulmón la psicodelia emergente del blues rock de los sesenta y resulta fresco, en contraposición a la mencionada tendencia al mimetismo de algún corte. Estos dan una ligera sensación de rectitud creativa, como se puede observar en el metal más acelerado de ‘Methademic’ o el común desarrollo impersonal de ‘Pariah’, dando un aspecto de linealidad que aun así no acapara de ningún modo la fotografía completa que representa este disco.

Lo que queda claro es que la biblioteca de riffs de Iommi parece no tener fin y de estos emanan la mayoría de cortes de la banda, sumados a las fabulosas letras de Geezer Butler en una ejecución conjunta sobresaliente, la cual logra tapar incluso aquellos momentos de flaqueza compositiva. Sumado a esto, de la mano de Rick Rubin la producción es un punto controvertido. El aclamado productor ha sabido canalizar su creación en un sonido moderno que toma prestadas reminiscencias evidentes de su historia música, manifestando un buen trabajo de pre-producción. Por la cara negativa, la simpleza y la claridad de su formación intentan despuntar entre una odisea de infame volumen y sobrecompresión, una manía que Rubin ya demostró junto a Metallica y parece ir desarrollando a pasos agigantados. De entrada es llamativo, pero la segunda escucha se hace agotadora para un oído que pide descanso, no de unas fantásticas composiciones, si no de una producción que las torna extenuantes con el tiempo.

Un logro merecido para la banda, que no se deja vencer por algún tránsito demasiado común y seco, plantando sobre la mesa un regreso que ya resultaba esencial y al que, si puedo, lo único más que podría pedirle es que para el próximo la banda original estuviera al completo. Y de ahí solo puede salir magia negra, de la que nos gusta.