Bruce Springsteen | High Hopes

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Nunca encontró su lugar. Desde la más tierna infancia, mucho antes de convertirse en el jefe del rock n’ roll, le fue difícil encajar: ni los colegios católicos, ni los públicos, ni siquiera la universidad pudieron hacerle sentir integrado. Ese paradigmático chico americano sigue sintiendo las barras y estrellas, pero ya no las ondea del mismo modo. Este chico desubicado y solitario sigue dentro y, quizás por ello, ha visto su reflejo en canciones que no llegaron a encajar, como él, y las ha reunido en este ‘High Hopes’ (Columbia, 2014).

Esta amalgama de hijos bastardos de álbumes pasados encuentra su filosofía en esa alienación y, aunque sean desechos o versiones, encajan por algún tipo de magia. Gran parte de esa culpa la tiene la obsesiva necesidad de cohesión de Bruce Springsteen y la inconfundible firma sonora de Tom Morello a la guitarra. The E Street Band no se pierde, pero no protagonizan como las dos cabezas visibles de este álbum.

La peculiaridad del álbum, especialmente dentro de la carrera de Springsteen, es que no hay ninguna canción escrita originalmente para este trabajo; este se compone de versiones, temas descartados y revisitaciones de otros temas. El corte que da nombre al álbum, ‘High Hopes’, es la adaptación moderna de aquel incluido en el EP ‘Blood Brothers’ (Columbia, 1996); ‘American Skin (41 Shots)’ fue parte de un CD promocional que sólo consiguieron las emisoras de radio; y ‘The Ghost of Tom Joad’ fue single del álbum homónimo, en esta ocasión con la voz principal y la dirección artística -que da lugar al tema más duro del álbum- de Morello.

Las dos versiones del álbum, ‘Just Like Fire Would’ y ‘Dream Baby Dream’, adaptan con perfecta naturalidad el sonido de “The Boss”, transmitiendo esa energía que parece inagotable. Esa tenacidad siempre ha ido orientada hacia cierta dirección artística que, al tratarse de temas inconexos cronológicamente, no comparte esa “coherencia”… y utilizo las comillas porque esa heterogeneidad resulta refrescante para un artista que no brilla por su variedad.

Puede que en este álbum no sea el héroe de la clase media americana al que estamos acostumbrados, pero no olvida esa responsabilidad que conlleva su título. Con ‘The Wall’ echa la vista atrás, hasta la Guerra de Vietnam y con especial afecto hacia Walter Cichon, líder de The Motifs, que murió durante la guerra. Igual sucede con ‘Hunter of Invisible Game’, donde las referencias a su defendida clase obrera demuestran que descansa, pero no olvida.

Los más acérrimos podrán verlo como una decepción o un extraño giro en su sonido. Ninguna de las raíces se pierden, la tradición irlandesa y el root rock se mantienen con fuerza, pero el envoltorio se torna experimental y busca, sanamente, nuevas herramientas de las que servirse. Esperemos que cuando vuelva con material nuevo no se le olvide esta filosofía.