Crocodiles | Endless Flowers

Este trabajo de los de sandieguinos deja bastante que desear. Es el tercer disco de Crocodiles, pero lejos de encontrarnos una obra bien formada nos topamos con un disco que deja bastante que desear. Un elogio a la mediocridad a pesar de, como suele ocurrir, sean buenos músicos.

Charles Rowell y Brandon Welchez han creado un LP bien compacto, eso sí. Las canciones están internamente relacionadas con sonidos ambiente y las propias sonoridades de cada corte. Han profundizado en el shoegaze, buscando su estilo. Abre con el corte que da nombre al disco, Endless Flowers, un tema que puede convertirse en el buque insignia del largo. Demasiada distorsión para tan poca canción. Sin rodeos: este tema, y casi todo el disco, sonaría mejor en acústico. El siguiente tema es Sunday (Psychic Conversation #9), uno de los mejores. Potente y directo. Aún así, le falta garra, nos deja insatisfechos.

Si algo dejan claro Crocodiles en este disco es que deberían dejar los pedales de efectos a un lado y sonar más limpios. El tercer tema lo demuestra. Un pop fresco que llega a nuestros oídos en forma de canción de amor a la mujer de Brandon (Dee Dee, líder de Dum Dum Girls). Pasa desapercibido, pero los tres minutos que dura son los mejores del disco.

Otros cortes, como My Surfing Lucifer, tienen ese toque surfero que recuerda a los descarados Wavves, también procedentes de la costa oeste. Debo incidir en que si bien tienen algún punto en común ambas bandas, los temas de este disco serían, siendo bondadosos, una burda imitación de cualquiera del King Of The Beach.

Como he dicho, el disco tiene coherencia interna. Se organiza entorno a unas sonoridades omnipresentes, pero que no aportan nada a la postre. Sonidos oscuros, propios de The Jesus And Mary Chain se entremezclan con otros lo-fi y garajeros para crear un cóctel que, de haber sido llevado de otro modo, sería una bomba. Ponen la guinda de la medianía, supongo que intentando mantener esa atmósfera de misticismo, con un corte de lo más tedioso en el ecuador del disco: Hung Up On A Flower. Seis minutos y medio de absoluto aburrimiento y psicodelia barata.

Pero no todo va a ser malo. Hay temas que valen la pena, por ejemplo, Electric Death Song, con un ritmo de batería pesado y una buena épica en el estribillo, o Bubblegum Trash, que tiene una melodía pegadiza, hacen que este disco se haga un hueco, por pequeño que sea.

En resumen, este es un disco con bastantes debilidades y sin fondo en general, aunque, como siempre, hay canciones que se pueden salvar. Aún así, suena falto de ilusión o de esmero. A pesar de que en tres discos deberían haber tenido tiempo suficiente para madurar, todavía les falta fuelle y contundencia. Espero que el cuarto disco al menos valga la pena escucharlo.

Redacción #HTM
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