Deftones | Koi No Yokan

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Vuelve Deftones por segunda vez desde la forzada salida de su primer bajista Chi Cheng, debido a un terrible accidente automovilístico en 2008 que casi le cuesta la vida y del que aún se encuentra en una lenta recuperación. La vida sigue y con ello la carrera de unos de los pioneros en el rock alternativo, que con su séptimo largo de estudio se superan en ciertos apartados, mientras que en otros enmudecen sus intenciones.

El grupo de once temas que componen Koi No Yokan (2012) son un raro ejemplo de ambigüedad y quizás uno de los más significativos y subjetivos rasgos de la música. Nadie podrá argumentar contra su calidad, porque sobre el papel no son, en absoluto, malos temas; pero en la práctica recaen en algo tan intangible como sus etéreas secciones: no dicen nada. Con excepciones a la regla, la línea general de los cortes sigue la dirección de su anterior Diamond Eyes (2010), pero a pesar de la cantidad de tralla que ocupan los más de 50 minutos de álbum, dan una desagradable sensación de vacuidad que se reafirma escucha tras escucha. Desde el corte inicial de Swerve City, los graves riffs se repiten perfectamente en técnica, pero tal y como entran abandonan tu cabeza, dejándote tan indiferente como si ni siquiera lo hubieras escuchado.

Quizás eso sea mejor que acabar el disco con ganas de escupir en su portada, o quizás simplemente no hayan evolucionado significativamente desde sus inicios, relegándose a un involuntario anacronismo. Lo que está claro es que mientras el lado izquierdo de mi cerebro disfruta de los cadenciosos estribillos de Gauze o los desafiantes ritmos de Graphic Nature, el lado derecho se mantiene en un entumecido apacible standby, salvo aquellas excepciones repartidas en alguno de los temas o la destacable Entombed. A pesar de ser el tema más tranquilo del álbum, su intensidad es increíblemente mayor que cualquiera de los demás contundentes cortes, basando este peso en una palpable carga emocional. También se aprecia, aunque en menor medida, en la vertiente más dura del álbum en Poltergeist y, más claramente, en Rosemary, casi siete minutos que escapan de la linealidad del resto del álbum gracias a distintivos giros, entradas, estructuración de sus secciones y melodías de voz que desmarcan este corte.

A pesar de estos pequeños oasis, por lo demás el trabajo acaba discurriendo por lugares comunes que aportan poco y no innovan nada, con prácticas tan recurrentes que han caído ya en desuso, como podría ser perfectamente Goon Squad. Está bien hecho, pero se ha hecho muchas veces y ni sorprende ni supone una contribución de peso que lo justifique, pues técnicamente sus habilidades son correctas pero ni de lejos espectaculares. Al igual que los previsibles estribillos de Chino Moreno. Una fórmula teóricamente pegadiza basada en dobles voces y registros altos que contrapunten sus clásica suavidad, pero que termina resultando tan fácil y tan sencillo intuirla de antemano que te deja frío.

Todo esto no quita que su producción sea, seguramente, la que mejor ha resultado en toda su discografía. Es brillante, resalta la contundencia de sus bajas afinaciones pero sin perder definición ni claridad en los variados detalles de cada corte y sin restar suciedad a las saturadas guitarras, con claras mejoras respecto a su anterior trabajo. Con ello no logran despertar más interés en su escucha, pero técnicamente refuerza su calidad, que no le viene nada mal. Contiene ideas interesantes, pero no enciende nada dentro de ti. Se contenta con recorrer las mismas estaciones de siempre, aunque con un menor fulgor respecto a su pasado que no le hace más sencillo cumplir, si no que fuerza a una comparación de la que no sale tan bien parado.

José Roa
José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.

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