Delta Spirit | Delta Spirit

Delta Spirit | Delta Spirit

Con este tercer trabajo homónimo de los estadounidenses Delta Spirits, declaran haber logrado encontrar su identidad en una alabanza a su país natal, la cual a momentos se diluye entre los intentos de apología emocional y un sonido que, aunque proclamen propio, no se difiere demasiado del de otros congéneres suyos. Varios detalles los particularizan, pero sin estos la base no supone un cambio radical, aunque desde luego sí de su anterior formación en Noise Ratchet.

Y es que en su totalidad es un trabajo de detalles. En ellos reside su valor y mayor enemigo también. En los temas de este Delta Spirit (2012) batallan tantas partes excitantes como los trabajados usos de voces y armonías vistos en su single California, así como los culpables de un desarrollo que resulta pesaroso en ocasiones, como ocurre en este tema y así sucesivamente a lo largo del álbum, debido a una farragosa elección en la sonoridad de algunos de estos. Resulta complicado discernir las distintas notas cuando el conjunto instrumental entra en su totalidad, declinando la comprensión frente a la emotividad en Money Saves u Otherside entre otros, permitiendo intuir las tonalidades más que entenderlas.

Si bien este álbum marcará lo que podremos encontrar de esta banda de ahora en adelante, sus anteriores influencias salen a relucir también. Su vena más punk se deja entrever en los fraseos de Tellin’ the Mind, mientras sus aspiraciones al rock más clásico aparecen en uno de los temas más directos del álbum, Idaho. Sus letras costumbristas y personales vienen de parte del pilar más fuerte de la agrupación: la voz de Matthew Vasquez. Sus raíces americanas relucen en este largo, aportando ese aire clásico pretendido, el cual asienta las principales bases de las composiciones de la banda con una voz forzada hasta el límite, y un trabajo en los coros y dobles voces absolutamente admirable. Frente a este, vemos los nuevos alicientes que han motivado la transformación de sus fundadores, haciendo que el pasado inspirador suene a aquí y ahora. En gran medida tienen mucho en común bandas como Kings of Leon o Mumford & Sons, con quienes comparten el sentimiento sureño y folk,respectivamente, de temas como Empty House y su modernización en Tear It Up, a veces incluso herética, aunque otras revitalizante como en el primer corte.

Con los cortes de ritmo más pausado exploran una faceta más actual en bandas de indie pop, con Into the Darkness, Home o Yamaha, pero sin olvidar el hilo conductor que resulta la tradicional música de raíces estadounidense. Hilan este álbum en una montaña rusa que, como tal, no termina de parecer estable. Los temas pueden empezar espectacularmente y perder fuelle rápidamente o, por el contrario, levantar el vuelo a mitad de canción; todas tienen momentos donde la calidad de las composiciones, armonías e interpretación llega a niveles sobresalientes, pero siempre precedidas o sucedidas por partes que cuestan digerir en su totalidad. La producción, como elección que es, se ve juzgada por gustos, pues en general es buena. La masa en ocasiones puede resultar confusa y lo hará, con unas baterías que no tienen toda la profundidad necesaria, un bajo distante y demás instrumentos embarullados entre ecos que no definen las pretensiones de cada parte. Pero, extrañamente, en el conjunto funcionan. No será perfecta pero encuentra una agradable simbiosis con la música propiamente dicha.

Una vez encontrado su sitio es el momento de expandirlo y es de lo que seguramente más adolezca este disco, pero tiempo al tiempo. Hay muchas características propias que aportan con naturalidad y una proyección respetuosa con el pasado, pero con la vista hacia delante. Con los pasos correctos podremos encontrar un siguiente trabajo más singular, llegado el momento en el que no necesiten beber de fuentes ajenas y abran los ojos a que, de momento, no son del todo únicos.

  • Y a ti, ¿qué te parece el disco homónimo de Delta Spirit?
José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.