Dr. Dog | Be the Void

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Critica Be the Void de Dr. Dog | HTM

No hay que esperar nada. ¿Para qué? Si encuentras la tecla, si la encuentras desde el primer momento en el que empiezas no tienes por qué reinventarte. No hay nada más que demostrar. ¿Tuvo ese momento de reinvención radical Goya, Maradona o Hemingway? La reinvención antinatural, la que da la vuelta a todo lo que has sido puede ser brillante, fantástica, sorprendente, reveladora, puede marcar un antes y un después pero siempre parecerá forzada a las circunstancias, como si despreciase todo el trabajo anterior, como si de nada valiera. Así estamos plagados del pijo que quemó sus polos para abrazar las rastas, el recortador con pasado izquierdista o un Verstrynge okupa. Hablamos de sonidos. Prostituir un sonido en busca de cambios constantes.

Más de 10 años son los que Dr. Dog llevan en la música y su discurso no ha cambiado más que en pequeños trazos irregulares en siete largos que forman una discografía notable y regular. Para seguir a los de Philadelphia o Filadelfia, según el gusto, la clave está en no esperar nada. Coger el nuevo álbum –Be the Void en este caso- y escucharlo junto a un buen whiskey –malo por cuestiones monetarias en este caso- y disfrutarlo. El que gusta de las canciones de Dr. Dog sólo desea que sigan vomitándose cada dos años, igual que el obseso de Cheers sólo quería un capítulo más en el que la cabeza de Ted Danson soltara chascarrillos mientras batía la coctelera. No existe novedad más que la de la nueva publicación, que se convierte en gusto por moverse en la multitud de capas que hay dentro de la propia repetición. Sonar igual pero distintos.

El orgullo del regusto a la América de paja en boca, de sol abrasador que ha fundido toda sombra y la negación del dueño americano se dan en cada canción de grandes estribillos de Dr. Dog. Son enormes. Mi criterio no vale para muchos, el de Jeff Tweedy, gran valedor, debería.

Pero este Be the Void es la bipolaridad. Comienza como casi siempre con la voz de Toby Leaman, que se intercambia corte a corte con la de Scott McMicken. Nada cambia, todo sigue igual. Lonesome es la primera pieza y responde a ese sonido sureño de los sesenta que llevan en las venas desde siempre. Como siempre. Música desganada para una voz desganada que se arrastra como los pies de un borracho cuando la noche ha cerrado. Un grito desesperado a la pasividad, orgullo de solitario. Los gritos siguen, esta vez McMicken con la cabellera del desafortunado de pelo rojo pone  la voz a That Old Black Hole en otro intento de explicar con animados ritmos la pesadumbre, como el cómico y su vida irónica, aquel que no deja de producir carcajadas a su público mientras su interior se oscurece.

El álbum no pierde el ritmo. Rápido como una centella de sonido a la que tienes que volver una y otra vez. Tal vez ese sea el secreto, crear esa sensación de velocidad que sólo se detiene por un momento con Get Away, cuarto corte de Be the Void. Antes está These Days, esos días en los que uno no sabe lo que quiere, aquellos que cada vez son más, pesados entre tanto estafador, corrupto y sinvergüenza. Mentirosos que convierten nuestro interés por vivir en desasosiego y preocupación. Todo es bonito en este álbum pero, de repente, Do the Trick es la mitad. El cambio a la cara B. Canción bonita pero pesada. Ritmo cansino que precede a una tirada de cinco canciones que son la sombra de las cinco primeras. Aparecen, se convierte en un intento por la experimentación a medio gas que cogen por mal camino. Be the Void se convierte en un álbum de los que no tienen fin, de aquellos que se paran sin que termine. Lástima.

Heavy Light no lleva a ninguna parte. Tambores de guerra, sonidos que recuerdan a My Morning Jacket para terminar con un fraseo que se repite y repite sin sentido. Como la democracia. Big Girl no lleva a ninguna parte. Warrior Man es una obra de Glam embriagada de T-Rex que no pasa de anécdota; resulta divertida pero no convence en el entorno del álbum. Para finalizar llega Turning the Century que cierra un álbum que empieza brillante y se desinfla brutalmente, uno de los fallos de Dr. Dog. Be the Void no supera Shame Shame, hasta ahora su mejor álbum, pero hace pasar una tarde sucia un poco más alegre. Como siempre.