Esben and the Witch | Wash the sins not only the face

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Esben and the witch | Wash the sins not only the face

  • MATADOR
  • 5,9

Llegar a casa tarde en una noche seca de invierno. Las manos están paralizadas por el frío pero consigues abrir el grifo de la bañera. El agua llega a la mitad, suficiente. Te desnudas y te metes para pasar unos minutos disfrutando de un relajante baño caliente. Pero no, el agua está tibia. Una sensación parecida te invade cuando escuchas el nuevo álbum de Esben and the Witch. El grupo había creado ciertas expectativas con su debut, Violet Cries, un pop gótico hermanado al que fabrica Chelsea Wolfe, algo más duro que el de la cantante americana pero bastante menos oscuro, en todo caso más deprimente. Y cuando Wash the Sins Not Only the Face avanza de una canción a otra sentimos lo contrario a la excitación o el placer. Sin embargo, no nos atrevemos a quitarlo de nuestro reproductor. Digamos que no nos apetece llenar la bañera de nuevo y nos conformamos con calentarnos a medias en el agua templada. El segundo álbum de los británicos es un viaje hacia el sonido más anodino, pero si estamos atentos encontramos varias perlas en el camino.

El sonido de estos tres jóvenes  de Brighton se ha destilado con nuevos rasgueos de guitarra, ahora todo suena menos gótico que antes. Hay más energía en cada canción. El post rock parece haber sido el género elegido para expulsar esas letras llenas de angustia que la maravillosa voz de Rachel Davies endulza gracias a ese tono aterciopelado.

El ligero cambio probablemente sea debido a la participación del guitarrista del grupo, Daniel Copeman, en la producción del disco. A pesar del letargo que desencadenan los sonidos el álbum está bien producido. La finura en las mezclas de los instrumentos que suenan es una de las cosas que hacen brillar esta travesía. Pero para encontrar oro hay que escarbar demasiado.

Shimmering por ejemplo, tiene algo de ese oro. Tanto la insinuante voz de Davies cuando avisa de que aunque ya no es ninguna borracha sigue hundiéndose en el vacío, como en la guitarra que consigue que la tensión fluya permaneciendo impávida y en la membrana trémula que serpentea en la lejanía hay unos cuantos lingotes que merecen ser escuchados en bucle. Quizá porque escuchar todo lo demás no merece tanto la pena como quedarse a vivir en los sonidos que nos complacen. La última canción elegida por el trío para ser single aburre pero tiene detalles para celebrar. Se titula Despair y con ese vídeo originalísimo donde dos cuerpos luchan de manera violenta en un baile en el que el contacto está prohibido es complicado atender a esas guitarras que parecen uñas arañando baldosas.

When That Head Splits es una de las canciones más sencillas del álbum y esa guitarra que cabalga en el minuto uno y veinte segundos es una gozada. La voz angustiada de Rachel Davies se monta en unos golpes de batería que la marcan el camino. La joven de nariz con personalidad es la verdadera protagonista de Wash the Sins Not Only the Face. No brilla tanto en temas como Yellow Wood donde el sopor se agrava pero al menos el disco termina con una canción notable, Smashed To Pieces In The Still Of The Night. Los riffs de guitarras que se agolpan al comienzo de la canción son una maravilla y la voz de Davies, amenazante y sincera, hace que pienses cómo es posible que todo lo anterior no sea al menos tan bueno como ese último corte.

Hacer un disco irregular para un grupo como Esben and the Witch no tiene nada de malo si lo que brilla lo hace con intensidad. Es así en este caso, por lo tanto solo cabe esperar a que el siguiente álbum no sea un eco de lo anterior si no un avance atractivo y arriesgado hacia los ambientes sofocantes del rock gótico.

  • Y a ti, ¿qué te parece el nuevo disco de Esben and the Witch?
Pedro Moral
Periodista especializado en Cine, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014. Actualmente, prosigue su carrera en diversos medios.

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