Foxygen | Take the Kids off Broadway

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  • JAGJAGUWAR
  • 8,6

Westlake Village es un aburrido suburbio de clase media al este de Los Ángeles rodeado por lagos y atravesado por la autopista 101 que lleva hasta la ciudad del plástico y camareros que sueñan ser Brad Pitt. Allí, algún día de 2004, Jonathan Rado y Sam France abandonaban la banda que habían formado junto a otros chicos del instituto. La razón poco tenía que ver con su ineficacia para tocar los instrumentos, algún tipo de bronca, su forma de vestir o físico, como ocurrió con aquel chico gordo de los Arctic Monkeys. France estaba loco. Rado, por alusión, también. Su locura no tenía nada de mental. O tal vez sí. Aquel trastorno era sonoro, música sin un sentido concreto que llevaba a los ensayos y poco gustaba al resto de aquella banda de adolescentes.

Aquella decisión llega en los tiempos de Ariel Pink. Foxygen es esa batidora dual y esquizofrénica de sentimientos sonoros e ideas que nada tienen que ver encajadas a martillazos en una maleta que apenas puede cerrarse. Y Suena perfecto. Take the Kids Off Broadway es la presentación del dúo en forma de EP publicado en 2011 que aparece como un puñetazo secreto. Siete canciones que tienen tantas influencias como quiera imaginarse. Bajo la voz de France, mezcla de Scott Walker y un joven Mick Jagger envuelto en LSD, sonidos de blues creado bajo la posesión agria del peyote y coros extraterrestres y ese gusto por el musical tan propio del mejor Bowie.

Desde los primeros segundos de Abandon My Toys, canción que inicia el EP, se muestran las bases de un trabajo alejado de lo típico, un alegato a la psicodelia del siglo XXI que pinta perfectamente tanto un tiempo caótico como un camino a seguir. Sostenidas bajo la balada Make It Down, se encuentra la voz más grave, agria y seductora que va transformándose en un grito desgarrador escondido en pianos para acabar con un arrebato orquestal. Como si la psicodelia se hubiera inventado en época de crooners. La píldora más directa y descriptiva de lo que supone Foxygen. Teenage Alien Blues supera los 10 minutos y aparece como una pelea mental por sonar como una canción simple que sufre brotes de locura constantes.

Pero para escuchar Take the Kids Off Broadway debe alejarse todo rastro de canción y entenderse como un mismo contenido con sentido único. Como los grandes trabajos. Es aquí donde reside la gran fuerza del dúo; lejos de influencias son capaces de sonar a ellos mismos. Una nueva vía en un tiempo de reciclaje constante que se presenta como un hijo de The Brian Jonestown Massacre sin el matiz autodestructivo y underground o un desdoblamiento de MGMT. Ahora solo queda esperar que France y Rado entreguen en enero su debut producido por Richard Swift -otra de esas mentes que pelean entre el genio y la locura- para seguir disfrutando de una de las bandas de las que más puede esperarse por haberlo ganado con esta pequeña y espectacular obra.

J. Castellanos
J. Castellanos
Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014, llegando a ser redactor jefe.

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