Grises | El Hombre Boligrafo

ORIGAMI[2011]

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Yannis Philippakis, el conocido y popular cantante de los británicos Foals, decidió un buen día abandonar junto con otros dos compañeros un proyecto de música matemática en The Edmund Fitzgerald y fundar otro que les llevaría a la fama con el único objeto de conseguir que la tarea compositiva fuera divertida y no se enrevesara más de lo que podían soportar. En 2005 eligieron el ritmo indie, trepidante y fugaz, y abandonaron la experimentación pretenciosa desterrando al público de caras B a las salas desconocidas de toda la vida.

Algo parecido ha pasado muy lejos de Oxford, en una pequeña población de Guipúzcoa, para que pueda nacer Grises a partir de unas raíces (Grises Sueños) que poco tenían que ver con el producto final que ha visto este año la luz en su primer disco: El Hombre Bolígrafo. Rítmicas danzables tan trepidantes que llegan a alcanzar el descontrol se adueñan de un trabajo que nace bajo la influencia de Foals, de los que heredan su sonoridad y el espíritu de disfrutar haciendo lo que hacen.

Sin embargo, el elemento más característico de la grabación es que consiguen realizar una combinación muy personal entre este estilo británico de poner todo el mundo a saltar y el caótico espíritu revolucionario de la movida madrileña de los 80. Sobre todo se nota en el efecto que producen las voces muy a lo Kaka de Luxe, o  la alegría y espontaneidad del sintetizador a la hora de presentar canciones como la genial Plástico Eléctrico.

El producto final de este cóctel mortal es muy peculiar. A mí me recuerda a esa especie de llamamiento a la confraternidad que utilizan los ‘satánicos’ Wu Lyf para combatir y pelear contra la realidad. En el caso de Grises, persiste la descarga eléctrica para echar a correr todos juntos. Aunque, no se trata de huir, sino de perseguir la superación personal, la reafirmación del ego o la libertad colectiva. Especialmente se puede identificar en la constante utilización de pasajes que bajan la intensidad instrumental a favor de los cánticos que transforman a muchos de los temas del disco en verdaderos himnos. Salvo por la letra que utilizan, que prefiere moverse en el desparpajo y fluidez de la temática casi surrealista que da nombre a tantas canciones en El Hombre Bolígrafo– ya sólo este título delata que son muy dados a las metáforas o a divertirse con las palabras-.

Así, comienza rompiendo el silencio Parfait, que va más allá de las influencias citadas y utiliza el componente épico que recuperó Glasvegas de esas bandas que comenzaron a hablar del pop allá por los años 70 y ahora revientan estadios. Esta herramienta la utilizan de una forma mucho más progresiva en los temas Polaroid y Daiquiri, que cierra el disco tocando la fibra más sensible. Pero el sello personal de este grupo está con todas sus letras en la ya citada Plástico Eléctrico, la pegadiza -y nunca mejor dicho- Chicles Pegados y Asteroides. La canción que da nombre a la grabación es, junto con la instrumental Aspiradora espacial, la que más recuerda al sonido de los ingleses Foals. De hecho, aquí renuncian a su carácter alegre y seducen bajo la zarandeante melancolía que tanto caracteriza a los de Oxford.

De esta forma, caminan por una senda todavía poco transitada en nuestro país del dance británico y lo hacen con una facilidad y una naturalidad que asombra. Podría decir, sin ningún problema, que es uno de los mejores discos debut españoles que he escuchado desde hace tiempo.

Carlos Naval 

Carlos Naval
Carlos Naval
Periodista. Formó parte de la redacción de HABLATUMÚSICA de 2010 a 2013. Actualmente continúa su carrera en diversas compañías del sector de la Comunicación.