Jake Bugg | Shangri La

Siempre se tiende a hablar de lo bien que lo hace Rick Rubin. Sus aciertos bajo los mandos de la producción consiguieron resucitar la voz de Johnny Cash y convertirla en inmortal con la serie ‘American‘. También se encargó de volver cool a Neil Diamond, encender la mecha del hip hop y elevar el rock de finales de los noventa de Estados Unidos a banda sonora de aquella época post-grunge. Nunca se habla de sus incontables fracasos como productor. Si algo falla es culpa de la banda.

Si hay algo que destaca de Rubin es su facultad de resucitar carreras. La capacidad de encontrar algo distinto que hasta ahora no había experimentado una banda o músico ¿Qué necesitaba encontrar Jake Bugg tras un debut tan bueno? El joven británico viajó hasta Malibú para citarse durante dos semanas con el neoyorkino y acometer la grabación de lo que acabaría siendo ‘Shangri La‘ (EMI, 2013). En un verano en el que su nombre era reclamado, en el que se convirtió en el gran fenómeno, se acercó a las manos de un superproductor como Rubin.

El resultado es un amalgama de intenciones y estilos. La ambición por crecer, luchar por agarrar las expectativas y también es rodearse de las manos equivocadas. El beneficio de un joven es su ignorancia para hacer frente a las cosas. El “Como no sabía que era imposible, lo hice” de Albert Einstein pudo repetirse en un segundo trabajo de Bugg que decidió, sin embargo, ponerse en manos de gente demasiado profesional. Eso se paga.

‘There’s a Beast and We All Feed It’, que abre el álbum, tiene esa frescura madura que recuerda a su primer trabajo, una sensación que, sin embargo, se pierde a lo largo del disco. La armonía se rompe con ‘Slumville Sunrise’, buena canción, rabiosa, directa, con toques de rock sureño y que lleva a engaños cuando en tercer puesto aparece ‘What Doesn’t Kill You’; casi punk. Aquí sale bien parado Bugg bajo fraseos disparados emulando al primer Alex Turner. Toda la intensidad se pierde ahí. Con ‘Me and You’ volvemos al estilo marcado del de Nottingham. Siempre que ‘Shangri La’ funciona es porque Bugg no juega a no ser él.

La producción borra de un plumazo todo aquel sonido magnético que hizo de ‘Jake Bugg‘ (Mercury, 2012) un álbum atractivo, fresco. El inglés debe luchar sin las armas que tuvo en su primer combate y logra salvarse por un puñado de canciones. El álbum se presenta a ratos macarra, a ratos comercial y en otros muchos casos demasiado maduro, aburrido.

‘A Song About Love’ es innecesaria. Como una canción dispuesta a dejarse pasear pos las exitosas emisoras comerciales de country, tiene todo aquello que se le agradecía no mostrar a Bugg. La urgencia con la que sonaba en su primer trabajo se pierde por completo. La frescura, la postadolescencia bien llevada se pierden entre manos ajenas. En ‘All Your Reasons’ los solos de guitarra parecen reclamar las prisas por atrapar la madurez. Igual ocurre con ‘Kitchen Table’ y ese aspecto de rock setentero cercano al soft rock que se aleja por completo del estilo de un Bugg que intentó saltarse su propia evolución.

J. Castellanos
Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014, llegando a ser redactor jefe.