James Vincent McMorrow | Post Tropical

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Los paisajes que evoca James Vincent McMorrow son de infinitos colores, alegres o tristes, pero siempre anclados a las vísceras. Las melodías caminan con cuidado a través de nuestro alma y no hace falta ser un tipo sensible para dejarse abrumar por el segundo trabajo de este irlandés con cara de buena persona y de belleza inteligente. ‘Post tropical’ (Believe/Vagrant, 2014) está repleto de lirismo y su intención es multiplicar los pinchazos musicales que sentíamos con su debut, ‘Early in the Morning’ (Believe Digital, 2010), más plano, más cuadriculado, menos arriesgado.

La madurez musical que ha alcanzado McMorrow a los 30 años es envidiable. Pocos músicos son capaces de aclimatar un álbum tan minimalista y dotarlo de atmósferas tan dispersas, de movimientos tan distintos en un mismo corte. El folk y el hip hop son los dos géneros que el irlandés más ha interiorizado. Lo que suelta luego en sus composiciones es otra cosa, pero ahí está la caja de ritmos de ‘Red Dust’ que acompaña a los coros y a ese piano de sensibilidad infinita.

El folk, la otra cara de sus influencias, está expandido en cada una de las canciones, el estado de no retorno de grupos como The Lumineers o Mumford & Sons en el que tan a gusto se encuentran ha sido superado con creces por Vincent McMorrow. El suspense que consigue con las cuerdas de la guitarra o del banjo es inalcanzable para muchos. Me refiero a esa templanza con la que construye la melodía de ‘Repeating’ que acaba en un clímax ascendente empujado hacia la cima del álbum por una percusión muy constante y muy bella.

Ese misterio que embadurna ‘Post Tropical’ está muy cerca de ese maestro del minimalismo concienzudo y artístico llamado James Blake. Sólo que para los que no conseguimos entrar en el estado de parálisis cerebral que supuestamente transmite Blake, McMorrow es nuestra alternativa. La canción que da título al disco comienza con una bruma de sonidos que repiquetean en un lienzo lleno de posibilidades al que nos agarramos inevitablemente. Después a los tres minutos de canción empiezan esas palmas y ese punteo magistral que nos llevan a otro lugar. Impensable sentir algo parecido con otro disco de este subgénero inclasificable.

Y la voz. El instrumento más importante del álbum. Con ella, McMorrow pinta cada movimiento impredecible, cada melodía sentimental, o dulce u oscura. Cualquier canción es un buen ejemplo de la magnífica utilización que este tipo pelirrojo hace de sus cuerdas vocales. ‘Outside Digging’ el punto y final del álbum sería un buen material para analizar los quiebros de ese falsete cuidado. De ese graznido místico y celestial que va acompañado a un piano fúnebre y a unas cuerdas que apuntan a todo lo contrario. A una ascensión inmediata.

Pedro Moral
Periodista especializado en Cine, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014. Actualmente, prosigue su carrera en diversos medios.

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