Klaus and Kinski | Herreros y Fatigas

JABALINA

[2012][7,8]

Cuando un artista se queda encasillado en un género, y no se arriesga a salir de su terreno y acaba aburriendo, se le critica. Ahora, cuando decide evolucionar y probar cosas nuevas – una maniobra bien peligrosa – también se le critica. He ahí la cuestión. ¿Renovarse o morir? ¿Hay que tener un estilo definido? ¿Experimentar significa perder la esencia? Hombre, como en todo, no se puede generalizar; hay experimentos que son todo un éxito, otros fracasan estrepitosamente. Sin embargo, hay bandas que son capaces de probar distintos sonidos sin meter la pata, ofreciendo un amplio abanico de posibilidades, creando y manteniendo una identidad propia al mismo tiempo. Y si hay unos expertos en esta materia dentro de la escena nacional, esos son Klaus & Kinski.

Quien se enfrenta a K&K por primera vez, este Herreros y Fatigas le extrañará, un disco donde tan pronto cantan sobre la Seguridad Social como de la cosecha del melocotón, titulan citando a Goethe y donde conviven sintetizadores con guitarras españolas, violines y castañuelas. Sin embargo, con esta ya son tres las ocasiones en las cuales Alejandro Martínez y Marina Gómez Carruthers, la pareja que pone cara a esta formación procedente de Murcia, olvidan los prejuicios, juegan y demuestran que no le hacen ascos a nada. Entre pop y guitarras se coló el bolero en Tu Hoguera está ardiendo (2008), Bakunin, el country y el pasodoble convivían en el aplaudido Tierra, trágalos (2010) y en esta tercera entrega de su discografía, lo han vuelto a hacer, enriqueciendo y haciendo definitivamente suyo ese no-estilo tan particular de fusión de lo cañí y lo intelectual, ritmos modernos y tradicionales y, para seguir malacostumbrando al personal, lo han hecho muy bien.

La música disco tiene un papel protagonista en el álbum, que nos invita a movernos desde el minuto uno, con tres pegadizos candidatos a éxito de la pista o del festival de turno (de momento, SOS 4.8, FIB y Contempopránea son las citas que figuran en su agenda): La Duda Ofende, electropop elegante rematado con arreglos de cuerda; le sigue Contrato con guitarras kraut rock y otro single instantáneo, El Día de los Embalsamados. Volveremos a bailar, pero en clave más indie, gracias al single Ojo por Diente y Dos Males Tienes, y en el camino nos encontraremos con el country en forma de Poderoso Caballero, una muy tradicional Soneto (que sigue la estructura de la composición poética del mismo nombre, combinada con una melodía que nos suena de algo: Un millón de amigos de Roberto Carlos) y para rematar guitarras distorsionadas en Cumbres Profundas.

Y aunque hasta aquí el cóctel ya es explosivo de por sí, los momentos más heterodoxos se viven de la mano de la exploración del flamenco clásico en Sacrificio y de la habanera en In the Goethe, presentada con unas primeras notas de piano que dan paso a la voz inconfundible de Marina, hilo conductor y elemento unificador del sonido Klaus & Kinski, (que, como ocurre con el cantante de Manos de Topo, si no te convenció a la primera ya nunca conseguirá hacerlo). En estos dos casos Marina se luce y deja a un lado el constante cuasi susurro que en ocasiones impide entender bien sus palabras.

Una pena, porque amor, literatura, desesperanza e incertidumbre, guiños a la situación actual del país (Contrato, La Pensión) e historias de fantasmas (El Día de los Embalsamados) inundan sus letras, que siguen mezclando con gran ironía lo popular y lo culto, haciendo referencias a Machín (Dos Males Tienes) y Ángel Cristo (Cumbres Profundas) por igual. Algunas de las mejores perlas se esconden en In the Goethe, corte teñido de un gran romanticismo, en el sentido más literario de la palabra, que nos habla de “Pasear por el cementerio con luz de luna” y termina con la repetición de la frase “Y al final me suicido yo”; sería el favorito del joven Werther creado por el escritor alemán. Y de un amor incondicional peor más de andar por casa nos habla Ojo por Diente, donde Marina asegura que te va a querer igual tanto si gestas en tu vientre al hijo de Satán como si trabajas en una discoteca. Lo mismo es, ¿no?

Sí, los murcianos tienen una gran capacidad para mezclar estilos, conceptos e imágenes, para beber de distintas fuentes de inspiración que producen un resultado donde sorprendentemente todo encaja a la perfección. Sin embargo, llegando al final, el listado de 14 temas se hace un poco largo y aunque los últimos minutos no son para nada desechables, llega un punto en que ya se ha demostrado todo lo que tienen y se podía haber abreviado. Ya se sabe que en esta vida moderna y acelerada el oído está cada vez menos acostumbrado a la larga duración.

Klaus & Kinski son una agradable rareza dentro del panorama indie patrio, y con esta tercera entrega han afianzado su heterogéneo estilo, pero cabe preguntarse si la fórmula del ‘todo vale’ acabará cansando o si serán capaces de mantener el nivel y el interés en el futuro. Si hicieran otra cosa, ¿ya no serían Klaus & Kinski? Volvemos a la reflexión inicial y me vienen ejemplos a la cabeza como los cambios radicales de Dover o la criticada evolución de Coldplay, con quienes, por cierto, los murcianos tienen algo en común: los murcianos han conseguido enloquecer a los indies con su versión del Ritmo de la Noche, mientras que muchos no perdonan a los británicos que incluyeran la famosa melodía en su último trabajo. Vamos, que al parecer K&K pueden hacer lo que quieran, y este Herreros y Fatigas da fe de ello.

por Beatriz H. Viloria

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