Laura Marling | Once I Was an Eagle

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VIRGIN

5.5

Antes de despegar, señores, debemos recordar que aquí hemos venido a hablar de música. Nos interesa si un trabajo suena bien o mal; si nos recuerda a The Who o a One Direction; si es digno de pagar por él o si es mejor que se quede en las estanterías de Fnac.

Pongámonos serios. No está el panorama musical como para pasar por alto ciertas birrias únicamente porque provengan de jovencitas cantautoras adorables. Que Laura Marling tenga los ojos azules, un lunar en la mejilla y una tez pálida que haría rabiar de envidia a la mismísima María Antonieta, no nos importa nada cuando su último trabajo ha sido todo un desacierto.

‘Once I Was An Eagle’ es el cuarto álbum de esta británica de 23 años. Sin embargo, cualquiera podría apostar por que se trata del vigésimo de una señora que acaba de cumplir los 60. No tanto por la madurez de su actitud, que haberla hayla; como por el sabor a debilidad y extinción que comienza a emanar desde el primer minuto.

Forjado en Los Ángeles, donde reside actualmente la artista, junto al productor Ethan Johns, se convierte en un diario de amores y desilusiones narrado por la incuestionable voz de Laura y su guitarra. Se trata de dieciséis cortes divididos en dos partes justo por la mitad. Un interludio marca la diferencia entre el letargo y aplomo de los siete primeros, frente a la aparente ligereza de los últimos. No obstante, el sopor inicial se hace irremontable.

Acostumbrada a arrancar con canciones presumidas como fue ‘The Muse’ en su anterior trabajo, ‘A Creature I Don’t Know’, Marling comienza apoltronándonos con ‘Take The Night Off’ en este ‘Once I Was An Eagle’. Melodías lentas, voz suave, ritmo sosegado y, en general, canciones ciertamente repetitivas en esta primera parte del álbum. Cuatro cortes que se hacen uno, un bloque de somnolencia indomable y parsimonia excesiva.

La oveja negra (y bendita oveja negra) es el número cinco: ‘Master Hunter’. Como dos bofetadas nos despierta de la cabezada que veníamos echando. Batería y bajo entran en acción marcando terreno y la voz de Laura Marling da un giro radical, haciéndose firme e impetuosa. Al finalizar, surge un instintivo cruce de dedos suplicando que el resto del disco continúe en la misma línea, pero en seguida la esperanza se desvanece. La cucharada pastosa que te atraganta, vuelve a caer en tu plato y te la tienes que comer. Así hasta el interludio.

El noveno corte, ‘Undine’ surge como el vaso de agua que te ayuda a pasar el trago. La guitarra de Marling parece cobrar vida propia y con ella la voz de su dueña. Esta agilidad a la que la británica nos tiene acostumbrados y que echábamos tanto de menos, permanece en ‘Where Can I go?’, pero pronto se disipa con ‘Once’. Entonces te preguntas dónde se habrá metido esa joven que versionó ‘Jolene’ de Dolly Parton junto a Mumford and Sons en 2010, esa Laura Marling que apetecía volver a escuchar. No hay respuesta hasta llegar a ‘Saved These Words’. Parece tratar de despegar una vez más, pero de repente se hace silencio. El disco ha acabado y no se ha elevado más de tres palmos del suelo.

Puede que Woody Guthrie me tenga muy consentida en esto del folk, pero lo cierto es que este trabajo se asimila como una sucesión de canciones aburridas. Ni cuidadas, ni medidas, ni meticulosas. Aburridas. No obstante, el talento de Laura Marling es indiscutible, no hay más que ver sus anteriores trabajos o sin ir más lejos algunas canciones de este ‘Once I Was An Eagle’, pero algo está yendo mal. Puede que se trate de un descuido en el capricho de innovar o puede que esté corriendo demasiado sin precaución alguna y lo único que necesite sea una madre que le diga aquello de “No quieras crecer tan rápido, que en esta vida hay tiempo para todo”. El desenlace, en su próximo disco. Mientras tanto, mejor escuchen los anteriores.

Sheila Martín
Sheila Martínhttps://hablatumusica.com/
Periodista. Formó parte del equipo de HABLATUMÚSICA.com de 2013 a 2014. Actualmente prosigue su carrera como Responsable de Redes Sociales en Agencias de Comunicación.

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