Luke Temple no era más que otro cantautor de vena estadounidense con algún matiz excéntrico. El líder de Here We Go Magic tiene esa tendencia a la canción alegre. Con una discografía que no atendía a otra cosa que a seguir la estela de Elliott Smith, el de Boston se ha dirigido esta vez a un nuevo camino que le ha abierto nuevas posibilidades y que le ha hecho distinto en estos tiempos.
En la fría Nueva York agarró las resbaladizas carreteras del estado norteamericano para acabar en una cabaña, unidad de vivienda que ya sirvió a Justin Vernon para transformarse en Bon Iver, cantarle a Emma y cosechar el éxito en grandes recintos. En esta aventura, Temple se apoyó en Eliot Krimsky de Glass Ghost y Mike Johnson de Dirty Projectors para afrontar su nuevo trabajo, ‘Good Mood Fool‘ (Secretly Canadian, 2013), un álbum que mira con nostalgia el pop soleado de los ochenta.
A Temple le ha salido algo muy agradable y melódico. Una mañana de puro enero con rayos de sol. Un blanco que quiere la sensualidad de Barry White, el ‘Graceland‘ (Warner, 1986) de Paul Simon, el Peter Gabriel que despegaba en solitario y casi cualquier cosa que suene a los ochenta más pegados a las cajas de ritmos. Nueve canciones bien planteadas dentro de los parámetros del viaje y con cierta intensidad que propone en una primera cara que, sin embargo, no permite redondear en su segunda parte.