Melvins | Everybody Loves Sausages

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Melvins | Everybody loves Sausages

IPECAC

7,8

Un álbum de versiones como debe ser, de principio a fin. No son copias recopiladas a modo de excusa, son completas reinterpretaciones de temas que han influido en la formación a la banda hasta lo que son hoy en día y, como era de esperar, estas recuerdan a esa ecléctica impronta que los define.

Desde el Warhead de Venom hasta In Every Dream Home a Heartache de Roxy Music, sus fuentes no tienen límite ni comprenden de cercos. Todo lo variopintos que son los orígenes de estas se desvanece en la inconfundible personalidad musical de la banda, adaptando cada tema a su propia voz, aquella que se mantiene fiel desde sus inicios hace 30 años.

Podemos encontrarnos clásicos absolutos como Black Betty, Station to Station de David Bowie en uno de los temas más redondos y mejor conseguidos de este Everybody Loves Sausages (2013), así como You’re My Best Friend, aquí titulada Best Friend, de los todopoderosos Queen en una elección arriesgada y desde luego inesperada que encuentra un punto infantil e inocente en las teclas sintetizadas extraídas de cualquier videojuego de los ochenta, acompañado por una reproducción complejamente bien adaptada del sonido de los de May y Mercury.

Para la ocasión han contado con multitud de colaboradores en varias de sus canciones, como Clem Burke en la versión de Attitude de The Kinks, Tom Hazelmeyer para el Art School de The Jam, a los que se suman Scott Kelly, Mark Arm o Caleb Benjamin entre otros tantos en un álbum multitudinario que aporta esa frescura a cada tema en apoyo a la interpretación musical.

A estas alturas de la vida, no hay motivo para eliminar los cimientos y su producción parece ser adepta a esta filosofía. El pesado sonido de directo, baterías enormes en una producción natural donde las guitarras se entremezclan en caprichosos ecos que envuelven a la banda, sin empalagar ni emborronar y creando esa fenomenal sensación de naturalidad y cercanía.

Con la paranoica Heathen Earth de Throbbing Gristle cierran un álbum de tributos, un caramelo para ellos mismos tanto como para el público. Sin la presión de creaciones propias, por el simple disfrute de homenajear a bandas que dejaron su marca en ellos han sacado adelante un álbum absolutamente recomendable, demostrativo de su fuerte sello personal en su increíble trabajo de adaptación y, sobre todo, una auténtica lección de cómo hacer un disco de versiones.