Metz | Metz

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Estoy sentado ante un gran disco de ruido neurótico, una fabulosa traducción visceral de furia inaudita en ritmos acompasados, aunque, realmente eso es un término musical y difícilmente aplican decentemente cualquiera de estas características. En un resultado simétrico, descargan toneladas de rabia primigenia desde el perfil emocional tanto como fallan en cualquier apartado técnico de su trabajo debut homónimo, Metz (2012).

Decir que los primeros temas del disco son los más fáciles de asimilar no significa que haya que interpretarlo literalmente, porque de inicio a fin es una corriente estruendosa que no da tregua alguna. Si Headache y Get Off cumplen estas condiciones es por su más convencional sonoridad y rumbo, que, inteligentemente, preparan al oyente para el aluvión que aguarda ansioso más adelante.

El propósito de las composiciones, en primera instancia no parece estar cerca de la armonía como concepto musical clásico, más bien opta por la incomodidad, la intranquilidad y el desasosiego como objetivo principal, preocupándose más por conformar una masa perturbada que un resultado bien hilado y perfilado, tal y como vemos a la perfección en Wet Blanket, donde hay secciones en las que ni siquiera el bajo logra seguir un ritmo bastante básico, descarrilándose en numerosas ocasiones de sus dos compañeros. No es el único tema, acompañado de otros desde Sad Pricks hasta el final de este trabajo, como Knife in the Water o The Mule, en los que estos ingredientes se repiten constantemente.

Como instrumentistas, Alex Edkins, Hayden Menzies y Chris Slorach no demuestran, ni parecen desearlo, ningún control técnico excesivo, acompañado siempre de la mano de unas elecciones de composición estridentes, oscuras y disonantes. La batería fundamenta su juego en la asombrosa contundencia de sus golpes, apoyada y potenciada por una producción que hace uso de recursos que suman la sensación de peso de la percusión. Por lo demás, el trabajo en este apartado cumple los requisitos de esta clase de álbumes, sonido generalmente saturado, distorsión máxima en las guitarras y bajo, así como la voz en concordancia con el estilo rasposo y vociferante de sus discordancias sonoras, en una dinámica similar al punk puro de bandas como Off! o Black Flag.

No busques musicalidad porque no lo encontrarás. Estos discos tienen algo especial porque logran transmitir lo que pretenden con facilidad, el objetivo último de toda pieza musical, emocionar, sea positiva o negativamente, es una fin arduo de conseguir, pero en este estilo es claro y la banda canadiense lo logra con creces. Más allá de esto, siempre es mejor si lo que emociona está bien construido, sigue unos parámetros mínimos de técnica que engalanan el resultado final; pues bien, aquí es difícil encontrar el menor ápice de esto, siendo por lo tanto un álbum efectivo y efectista, aunque si es musicalmente bueno resulta más complicado de definir, ¿es bueno simplemente al emocionar, o hace falta envolver el regalo con un bonito lazo? Yo creo que hacen falta ambas, tú decides tu parte.

José Roa
José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.

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