Mode Moderne | Occult Delight

El post-punk no murió la noche que Ian Curtis decidió quitarse la vida en la cocina de su casa, ni el día que The Cure publicaron ‘Pornography’ (Fiction Records, 1982), no. El post-punk no ha muerto si siguen existiendo discos como ‘Occult Delight’ (Light Organ Records, 2014). Engendrado en Vancouver resulta ser la fusión perfecta entre el Manchester de los 80′ y el Canadá de hoy en día. Temas oscuros, letras pesimistas y una voz propia del mismísimo Morrissey, que responde al nombre de Philip Intile, hacen las delicias de todo amante del género.

El álbum se impregna tanto de las guitarras brillantes y exuberantes de la banda de Robert Smith como de la melancolía arrancada de los sintetizadores y pulsantes líneas de bajo. Inhala tan profundamente la presencia de Joy Division que es casi imposible diferenciar el riff de guitarra de ‘She, Untamed’ con el de la famosa ‘Shadowplay’. Pero aparte de su estatus imitador hay mucho más por lo que elevar ‘Occult Delight’. La facilidad con la que fluyen sus pistas deja a la voz de Intile prolongarse a sus anchas, suave y rotunda, desgranando las profundidades más oscuras. Arrastra cada palabra, rechina sus dientes y muerde cínico canciones como ‘Thieving Baby’s Breath’.

Hipnóticas melodías se personifican en ‘Severed Heads’ con un bajo que nos introduce de lleno en la perfecta atmósfera de misterio. Pero mientras todo se cubre de la tortura y el desconsuelo propio, aún existen frivolidades como ‘Baby Bunny’ que evoca directamente a The Smiths. De nuevo las influencias atraviesan el blanco de la diana y se suman su tanto de puntos.
Mode Moderne pierden la ferocidad en su tercer trabajo, aunque ganan en inquietud. Naturaleza gris y un fuerte gancho melódico que convierte en polvo todo aquello que toca, carente a veces de esa ráfaga inesperada y desorientadora que el post-punk posee. La perfecta transición y coherencia entre las pistas deja al descubierto la carencia del factor sorpresa que el disco pedía a gritos.

Occult Delight’ se convierte en la metadona para los fans de Joy Division, un lugar donde los canadienses expresan su vergüenza en formas abstractas, donde extender su larga sombra. Necesario y atrayente a partes iguales, recuerda que nunca está de más escuchar algo original apartado de los estandartes actuales.

Yaiza Sotohttps://hablatumusica.com/
Redactor en HABLATUMÚSICA. Estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.