Norah Jones | Little Broken Hearts

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Critica Little Broken Hearts de Norah Jones | HTM

Creo que estoy enamorado, cada vez que oigo su voz noto las mariposas recorrer mi interior, desde mis oídos hasta el nudo que agarrota la boca de mi estómago; aunque quizás no sean mariposas, su aleteo es más fuerte y más hondo, un aleteo que deja una profunda huella indeleble, resistente al paso del tiempo y superior al canto de cualquier sirena de cera, vacía e irreal. Pobre ingenuo Homero, estas sirenas son una especie en peligro de extinción, una habitación de espejos con tantas de ellas reflejadas que cuesta ver a las de verdad, pero existen, y Norah Jones es una de ellas. Little Broken Hearts (2012) es el título y espero que solo sea eso, no querría yo verla sufrir, aunque esa melancolía que respira su voz no es inventada y de la miseria nace la belleza artística.

Viendo la trayectoria de la artista podemos deducir que ha alcanzado un punto de confianza en el que no necesita probarse a nadie más que a sí misma. Este quinto trabajo de estudio es un paso arriesgado en el que se aleja de su clásico jazz de ambientes dulces y soñadores, con un trasfondo más sombrío y maduro, pero al fin y al cabo distintos puntos del mismo trayecto; su marcado estilo se mantiene inconfundible. Se desvía en ciertos aspectos hacia un blues moderno, de la mano del sonido de los aclamados The Black Keys con una fuerte influencia, también dada por la colaboración en la producción de Danger Mouse por quinta vez en su discografía y esta vez con una mayor participación en la composición de los temas.

El álbum se compone como una vidriera de distintos colores, con una mayor variedad que sus primeros trabajos, encontrando un fuerte contraste entre la aparente jovialidad de la música de, por ejemplo, Say Goodbye y lo afligido de su letra sobre lo duro de una separación cuando sabes que es lo correcto pero tu corazón no entiende esas razones, al igual que su single Happy Pills. Frente a esta aparente atmósfera agridulce hay temas rotundamente pesarosos, y en esta melancolía encuentra perfectamente el lugar de esta nueva dirección artística. She´s 22 o Little Broken Hearts ejemplifican esta faceta más recia, oscura y madura, sobre todo hay que mencionar el segundo tema de estos por su sobriedad y por ser la más cercana a este blues actual que comentaba.

Hay un hueco para todo, desde la apacible épica de Take It Back hasta las reminiscencias de sus anteriores trabajos, como All A Dream u Out On The Road. La variedad y diferenciación de los temas es un valor añadido y este se ve reforzado por un trabajo de producción e instrumentación sin fisuras. El piano siempre tiene cabida y protagonismo en los trabajos de Norah Jones, con la misma sutileza a la que acostumbra a acompañar la dulzura de su voz. Con una base rítmica simple, sosegada y directa, tanto contrabajo como batería acuden a un alejamiento de las fórmulas clásicas del género y de la artista, con líneas igualmente tranquilas pero con un sonido y una dirección nueva, más ruda y amplia en su personalidad. Slides de guitarra, ecos corales y de arreglos lo acercan al arenoso blues desértico que tan de moda está ahora. Esto junto a una producción de grandes pretensiones cumplidas, con la búsqueda de un sonido más extenso, más áspero en su ambientación y más emocional, ya no solo en la música en sí, si no también con un fuerte apoyo del ensalzamiento de lo simple a nuevas cotas de grandeza.

Puede apuntarse otro tanto y este giro, no tan brusco ni radical pero de riesgo y absoluta apreciación, es otra victoria para esta sirena moderna. No hay manera de huir de su canto y, de hecho, no estoy seguro de querer escapar de él. Al final de este no hay zozobra, y de haberla no hay mejor manera de hundirse que en la delicada dulzura de su música.