OFF! | OFF!

A la escena punk le hacía falta un buen cañonazo, rápido y directo, un revulsivo tras la demasiado larga ya falacia del pseudo-punk melodramático de engendros estrogenizados como Green Day o Blink 182. Hace falta carisma y estos no lo tienen. Vender el punk como estrategia de mercado para intentos de rebeldía adolescente vanamente concienciada y pre-sexual, resulta un tanto ofensivo. No seré el mayor fan del género, de hecho no le veo mucho valor musical, pero si algo tiene es carisma y agresividad, quítale eso y, ¿en qué se queda? En nada. Y por ello Off!, el auténtico “supergrupo” punk, se alza como una vacuna necesaria para una maltrecha escena intoxicada.

Con este segundo álbum, Off! (2012), vuelve a entregar una corta pero intensa ráfaga de punk sobreacelerado y contundente sin adornos ni embellecimientos que devuelve a sus raíces tanto al género como su cantante, Keith Morris ex Black Flag, que impone su estilo al del resto de sus compañeros. Con representantes de Burning Brides o Red Kross, queda patente que Morris es dueño y señor del sonido de la banda, aunque con pequeños ingredientes que lo diferencian y con los que consiguen despuntar, como una variedad en ritmos de batería mucho mayor similar al hard rock, en estructuras de composición, solos y acordes, más allá de los ejemplos más manidos.

Con un álbum que no llega a los 16 minutos de duración, difícil es que se te haga largo. Absolutamente cada giro, gancho o recurso del punk se encuentra dentro de este trabajo, pero eso sí, con músicos muy por encima de lo que nos tiene acostumbrados el género, uno de los pocos donde la calidad no es indispensable, si no incluso un aliciente. Pero aquí no, más y variado es mucho mejor. En temas como 503, Habor Freeway Blues o King Kong Brigade llegan a los límites que el punk más esencial te puede dar, con ingredientes más variados, pero enfocados siempre en la misma dirección, que es la incesante agresividad, ruidosa y visceral, con un marcado trasfondo reivindicativo socio-político, con temas desde la educación infantil hasta el consumismo o la guerra. Esta destaca en la mayoría de los cortes, como Cracked, Borrow And Bomb o I Want One, con distinta graduación de velocidad e impacto, repasan algunos de los subgéneros más representativos, algunos más Sex Pistols, otros más Dead Kennedys, pero todos en una tendencia bastante purista.

En honor a una larga tradición, la producción mantiene los estándares comunes del género: distorsión, voces saturadas y una aguda contundencia implacable. La voz de Morris ocupa el mayor espectro de los temas, en ocasiones incluso demasiado alta respecto al resto de instrumentos, creando así cierto desequilibrio, con voces desgarrados que estiran la barrera de los decibelios unos cuantos puntos. Los instrumentos siguen la rutinaria producción punk, con una sonoridad que se decanta más por la ambientación que la definición en un estilo que, al fin y al cabo, lo requiere; no transgreden ningún límite, manteniéndose en un trabajo más que correcto pero invariable, con poca imaginación en la búsqueda de sonidos para los distintos cortes.

Haciendo gala de una sonoridad reivindicativa de la vieja escuela, este álbum ofrece exactamente lo que buscaba: un torbellino desbocado que devuelve su valía y su significado a los olvidados usos del género. Hacía tiempo que no aparecía un trabajo así en la escena punk, auténtico, macarra e irrefrenable, rebuscando entre la salvaje tradición del estilo y devolviéndole su extraviada esencia. Por ello, aunque innove en ciertos detalles, se mantiene fiel a su naturaleza, por lo que estos 15 minutos de enajenación músico-mental harán hervir tu sangre, pero no tanto tu oído, que de vez en cuando le gusta que le pongan a prueba y se vuelve algo más exigente.

José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.