Peace | Delicious

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Peace | Delicious

Los hay que son mansos y obedientes, sin ambición, sin lucidez, planos… Los hay que miran sin fijarse y que hablan sobre el eco de lo dicho por otro. Los hay encumbrados sin motivo, babosos y sin actitud, es decir: vulgares.  La música indie está llena de farsantes y en la música pasa como en todo, como el escritor de libros malos, el director de cine torpe o el inventor del lienzo en blanco. Pero de vez en cuando aparecen tipos que de tan buenos son impertinentes, y sólo ellos tienen la capacidad de revolucionar el estado de las cosas. Sin miedo al fracaso o seguros de que no caerán en él, estos ejemplares muestran al mundo como sí se puede revolucionar el arte. Y el arte es como la vida, infinita. Hoy hablamos de música, de cuatro jóvenes de Birmingham que se llaman Peace y que han lanzado su primer EP, Delicious. Hablamos de que posiblemente estas cuatro canciones (algunas geniales, otras casi) se transforme en un largo imprescindible allá en 2013.

Sus caras, sin apenas un rastro de vello facial, parecen las de cuatro novatos de un colegio mayor a los que gastan bromas pesadas todas las noches. Pues no. Cuando empiezan a tocar adquieren la actitud insolente que realmente los define como grupo capaz de follarse todos los géneros y engendrar melodías libres que dividen sus minutos entre acordes experimentales y sonidos clásicos. Todas y cada una de las pistas de Delicious son absolutamente adictivas.

Una de las cosas más divertidas a la hora de escuchar Peace es intentar adivinar sus influencias. Son tantas o parecen tantas que cada humano que escuche este EP tendrá su propia teoría. Ellos mismos dicen que Led Zeppelin es una de sus principales influencias junto a The Cure. También dicen que flipan con la música techno y sin embargo se llaman Peace. El hippismo suena en algún corte rememorando Woodstock. Frecuentan los sonidos surf y por momentos trabajan con sutileza ese género sucio de los noventa llamado grunge. Su eclecticismo es envolvente, pero también grosero. Hacía tiempo que un grupo respetaba tan poco el concepto de género.

Harrison Koisser es el mayor insolente de los cuatro. Él es el tipo que pone letra, voz y guitarra a este maravilloso trabajo. El britpop es el maravilloso veneno que contamina el primer corte, Ocean’s Eye, rock seco donde la voz y guitarra de Koisser se dan a conocer. Sam, el hermano de Harrison, es sin embargo quien lleva la batuta aquí gracias a una línea de bajo corrompida por un magnífico delay. Sin que se agote ese acorde de guitarra sesentero llega Bloodshake, una pieza experimental con toques tropicales donde la voz de Koisser es acompañada por los coros fabricados por su hermano Sam. Esta segunda pista es un viaje donde Peace divagan entre momentos lúdicos y pura tensión musical. Como el carácter de esa chica que es tan atractiva como desequilibrada, esta canción se compone, primero de susurros y luego de rasgueos histéricos.

Con la cuarta pista, Koisser araña por fin sus cuerdas vocales y desnuda su alma en una balada sacada de los años del flower power. Los primeros minutos de California Daze son voz, coro y guitarra. Esos punteos vulnerables se abrigan a mitad de la canción con la batería de Dominic Boyce, pero el frío de la melancolía que alimentan estos chicos de Reino Unido ya te ha calado hasta los huesos. Hasta ese trabajado sólo de guitarra carraspea.

Por último, guardándose el gran signo de arrogancia para el final, Peace culmina el EP con 1998, una versión de la canción techno llamada igual de Binary Finary. Lo que hacen estos cuatro tipos con el clásico de los noventa es transformar la canción en una maravillosa pieza de rock. Oscura en su comienzo, con reminiscencias de The Cure, Koisser balbucea mientras las guitarras vibran. La melodía se va inflando mediante una línea de guitarras que se agita cada vez con más violencia hasta explotar en una desordenada hecatombe musical tan pura y descontrolada como el conjunto de orgasmos que marcan el punto y final del acto sexual practicado en grupo. Y sólo estamos a mitad de la canción. 1998 sigue arrastrando acordes llenos de maestría hasta el final.

No se puede ser más ambicioso con un EP.

Pedro Moral
Periodista especializado en Cine, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014. Actualmente, prosigue su carrera en diversos medios.

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