Pearl Jam | Lightning Bolt

Pearl Jam es un grupo de contrastes, donde cada álbum incluye diferentes texturas que no hacen más que enriquecer el catálogo de la banda. Si con ‘Backspacer’ (Monkeywrench, 2009) pudieron rebajar la marcha como antesala del ‘Ukulele Songs’ (Monkeywrench, 2011) de Eddie Vedder, ‘Lightning Bolt’ (Monkeywrench, 2013) pisa a fondo y gasta los neumáticos; tras su veinte aniversario están viviendo una segunda juventud que no pierde ninguna frescura.

El álbum arranca a 100 por hora sin tapujos, directo y en menos de un segundo. ‘Getaway’ es el inicio de una trepidante primera mitad arrolladora, emocionante. Continúa en esta tesitura ‘Mind Your Manners’, el primer single del álbum y un tema que acoge el punk y el garage sin comprometerse del todo, por lo que suena ligero aunque puede presumir de riff fanfarrón y una remontada que equilibra de nuevo la carrera. La nota oscura a su arranque la aporta ‘My Father’s Son’, una melodía embrujada con un entrega agresiva, casi neurótica, de las letras de Vedder.

Y aunque al trío desenfrenado la siga ‘Sirens’, no significa que el ritmo se vea reducido; lo que no acaparan las guitarras distorsionadas y los riffs trepidantes, lo hace la intensidad de las emotivas armonías a las que la banda suele recurrir, sabiamente, en escaladas sobrecogedoras como las de su mencionado segundo single o ‘Yellow Moon’. Su firma indeleble no se la arrebata nadie, no se puede calcar y ellos no están dispuestos a perderla.

Gran parte de ese sello personal es culpa de Eddie Vedder, una de las mejores voces que el rock ha elevado desde la última década del pasado siglo. La profundidad y potencia de su voz permanece intacta, las melodías de su amplio registro, vivo y enérgico, saben dar a cada tema su personalidad y la intensidad que cada sección necesita. El resto de la banda, Gossard, Ament, McCready y Cameron, no falla ni baja el ritmo, ofreciendo incluso en los temas más comunes, como el homónimo ‘Lightning Bolt’, una ejecución brillante que ensalza las composiciones menos fructíferas.

Del mismo modo pasa con la confusa franja central que conforman ‘Infallible’ y ‘Pendulum’. La primera, un chocante híbrido cabaretesco de los resucitados Fall Out Boy y los estribillos más risueños de los de Seattle; la segunda, un retorno al estilo de ‘Of the Girl’ que no se atreve a llegar tan lejos en su ambientación ni transmite la misma carga sentimental; aun así, convence y conforma una vertiente distinta dentro del trabajo. Con el inicio de esta franja cuesta adaptarse, no es necesariamente peor, pero algo incómodo la primera vez.

Su segunda mitad despega entonces, supera el subjetivo bache y, aunque no retome la misma agresividad que al inicio, la intensidad de la marcha no se destruye, se transforma. ‘Swallowed Hole’ es rápida, con una cadencia común pero bien resuelta y ‘Let the Records Play’ apadrina dejes del rockabilly para un tema original, con el mismo grado de country y rock n’ roll en las venas.

‘Sleeping by Myself’ y ‘Future Days’ -un folk pop algo azucarado-, componen la sección más pausada de un álbum variopinto, tan duro como dulce en la mejor tradición de la banda. Una producción sin fisuras notables que se aprovecha de la confianza de los años y el conocimiento mutuo para sacar a relucir lo mejor de cada uno, así como las virtudes de cada tema, llegando a coronar su décimo álbum como el pináculo que engloba toda su longeva trayectoria.

José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.