Rufus Wainwright | Out Of The Game

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Rufus Wainwright vuelve al panorama musical para traernos un disco atípico, con un estilo personal. Puede tener carencias de otro tipo, pero estilo, en cuanto a facilidad de clasificación se refiere, realmente lo posee.

En palabras del propio músico, este álbum es “más bailable” que los anteriores. Todavía sigo buscando lo bailable, y a pesar de que tiene temas con base electrónica más ligeros, como Bitter Tears, que bebe del sonido Motown, o Barbara, también con un trasfondo soul, la mayoría de ellos son baladas. Abriendo con el corte que da nombre al álbum, Out Of The Game, Rufus nos muestra sus cartas: el disco se enmarca en un pop ecléctico, con toques sinfónicos y ligeramente eléctrico. Un sonido delimitado que no gusta a todos.

Su discografía está repleta de referencias clásicas, y es algo de lo que está orgulloso. No contento con esto, presentó en 2009 en Manchester y a principios de este año en Nueva York su primera ópera, titulada Prima Donna. A pesar de no entusiasmar a la crítica, ya está pensando en componer la segunda. Mientras tanto, ha compuesto este álbum, el séptimo de estudio, y podemos considerarlo como la llegada a la madurez musical. Cortes como el citado Out Of The Game, junto a Rashida y Welcome To The Ball son los más rápidos y con una instrumentación más estándar, con una marcada influencia de grupos clásicos del rock sinfónico como Queen. Otros, con tendencias groove, son, por ejemplo, Perfect Man, que se alza como uno de los mejores, si no el mejor, sin hacer ruido.

El piano es una pieza clave de la discografía de Rufus y también de este largo, y se conforma como el eje principal de algunos temas. Montauk es el claro ejemplo de un corte que da todo lo que tiene que dar en los primeros segundos y, a pesar de ello, llega a aburrir en los casi cuatro minutos que dura. Sin crecidas, ni cortes, ni siquiera una melodía del todo agradable. Algo que se puede reprochar a este tema sin miedo a ser contradecido es la ausencia de evoluciones. Los temas no andan y terminan estancándose en unos ritmos vacíos.

Que un disco sea compuesto para lucirse con la voz es tarea complicada. Y mantenerlo a flote con una voz que lo llene, es más complicado todavía. Lejos de conseguirlo, Wainwright compone temas mediocres que no aprovechan su calidad como músico. No es esta una obra elevada como sabemos que puede crear. Se queda a medio camino entre el pop y la música culta, dando un resultado que no convence.

Este LP tiene una estética de banda sonora de alguna película de Hollywood, y esto nunca deja en buen lugar a un músico. Producido por Mark Ronson, productor del disco Arabia Mountain de The Black Lips entre otros álbumes de estilos muy variados, nos deja un sonido claro y refinado. Aún así, nos podemos encontrar cosas fuera de lugar. Para algunos serán dignas de un maestro y para otros, de un demente. Me refiero, por ejemplo, al solo de gaita que cierra el disco que nos deja boquiabiertos, con sensación de desasosiego. Escúchenlo y juzguen.

Redacción #HTM
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