Screaming Females | Ugly

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  • DON GIOVANNI RECORDS
  • 2012
  • 7.5

Si el otro día trataba sobre la delicadeza de que dotan las mujeres a los grupos, este disco casi me hace desdecirme de mis palabras. Es un canto a la agresividad y al desamor que comienza incluso antes de la reproducción, en el propio título: Ugly.

Screaming Females nos traen su quinto álbum de estudio, que anunciábamos aquí hace unos días. Una obra en la que el sonido aparece ya muy definido. Desde su primer disco solo han pasado tres años y ya han creado su propio estilo. Con ello tiene mucho que ver la voz tan personal (o quizás cómo canta) de Marissa Paternoster, la única female del grupo, a la que acompañan Jarrett Dougherty a la batería y Mike Abbate, también conocido como King Mike al bajo. Es una voz poco agradable, que puede resultar incómoda ya no solo las primeras, sino las sucesivas veces que se escuche. El punk cantado por mujeres tiene que sonar así, como Johnny Rotten en versión femenina.

Esta banda es esencialmente punk, con sonidos garaje: mucha distorsión y algún fuzz, sonidos que recuerdan a Vivian Girls. Los riffs de guitarra, que toca la cantante, están por doquier en este álbum, tanto que las canciones se estructuran basándose en ellos. No es descabellado decir que algunos de ellos, como el del tema que abre, It All Means Nothing, o Leave It All Up To Me tienen una gran influencia de los primeros grupos de hard rock como Cream o Led Zeppelin. También nos encontramos con cortes de influencia surfera, que cuando se combina con el punk suena muy potente, un estilo en el que se han afianzado el dúo de San Francisco Wavves. Ejemplo de ello es la sexta pista y una de las más representativas del disco: Expire.

Además, el formato power trio, propio de los basement shows, conciertos en sótanos, les da una sonoridad más cruda, algo que no han sabido aprovechar muy bien. Es cierto que el disco suena completo y los tres instrumentos consiguen llenar los espacios vacíos, pero es una baza que juega en su contra si en directo no consiguen hacer lo mismo. Deberían sacar más productividad a los acordes, que se echan en falta en el álbum, y utilizar menos el recurso de los punteos que acompañan la melodía de la voz. Ganarían contundencia en los conciertos.

La mayor parte del disco se corresponde con lo explicado, pero el último tema rompe completamente los esquemas. Después de la decimotercera pista, titulada Slow Birth, una de las más oscuras y pesadas del disco (y cuya entrada guarda cierto parecido con Crazy Train de Ozzy Osbourne), nos encontramos con It’s Nice, el último corte del álbum. Es un acústico con orquestación con el que nos podemos relajar y que deja un buen sabor de boca.

En definitiva, éste es un álbum contundente, directo, aunque no todo lo que podría llegar a ser y que no resulta fácil de escuchar, requiere al menos tres reproducciones para poder apreciarlo en su esplendor

por Yago Cobas