The Horrors: Skying

Recientemente, es muy difícil escuchar un disco y no tener al menos localizadas un par de influencias cerca del bolsillo. No es culpa de los músicos, muchos de ellos tan cambiantes que a algunos se les acusa de chaqueteros. Londres es especialista en lanzar al mundo joyas de la corona inconformistas que podrían asustarse a sí mismas si se hubieran conocido en otras circunstancias. Cuando a mí me hablan de un cambio incomprensible que ha hundido a una banda para siempre, suelo disfrutar investigando y siguiendo el rastro de piedras que ha dejado el espíritu de sus componentes hasta llegar a su destino. Un buen cambio suele ser anunciado.

De hecho, podrían sorprender la cantidad de similitudes que existen entre las evoluciones personales y las de la historia de la música. Es cierto, vivir es ver volver, sin embargo, no lo es tanto como desearían los mitómanos. Estamos en la época de conocer mucha más música que nunca. Hoy en día uno puede escoger el pasado que quiere tener y ponerle cara y nombre a sus aspiraciones musicales. Mucho más en Inglaterra y especialmente en Londres, la cuna de más géneros por persona de todo el mundo.

The Horrors ha pasado en tres discos de viscerales y oscuros temas como Jack The Ripper, una versión de Screaming Lord Sutch, y de desatar el lado más violento del público en la Moby Dick madrileña, a buscar el contacto pacífico, psicodélico y bastante progresivo de su último trabajo: Skying. Por el camino ha quedado su magnífico Primary Colours, cuyo único fallo es el de quedarse a medias de conseguir la intención deseada por el conjunto. Sin embargo, su valor principal es el de iniciar la metamorfosis, consiguiendo unos colores más propios de conjuntos como My Bloody Valentine, llegando a domar el ruido y hacerlo pasear tranquilamente en Sea Within a Sea, un camino por el que también anduvo algún grupo español por esas fechas, como el Sintetica de Nudozurdo.

El mejor reflejo de qué ha ocurrido con la banda es la evolución de las portadas. Mientras que en el Strange House se ve a todos los componentes sentados con un color en blanco y negro y una estética gótica de las bandas más oscuras del garage de los años 60, en Primary Colours se desdibuja la imagen de los cinco como vista a través de un vaso de cerveza. Ése es el primer paso hacia la abstracción que se culmina con Skying y la imagen de un mar a través de un filtro retro que recuerda a la imaginería que ya utilizan otros grupos en sus videoclips. Me vienen a la cabeza Best Coast, Beach House o Delorean.

El disco comienza con unos ritmos casi africanos entre los que parece adivinarse un xilófono que da paso a la genial Changing the Rain. Estalla el eclecticismo de una psicodelia que recuerda al espíritu que inspiró a las bandas de acid rock de los años 70. La sonoridad, tan clara en antiguos discos, se entrecruza como anunciaría Who Can Say de Primary Colours. Still Life, el single del disco, parte de un ambiente muy a lo The Doors para llegar a la actualidad y combinar espiritualidad con un refrescante chapuzón en el mar psicodélico de la banda londinense que se desata cuando da rienda suelta a la genial voz del señor Faris Badwan. Es cierto que parece un tema menos evolutivo por la sencillez de su estructura, aunque fue el que mejor consiguió atraparme y dejarme atento a todo lo que podía suceder en el resto del disco. Tal vez porque fue el primero que escuché.

La verdadera música progresiva, de la que hablaba, se hace esperar hasta el arropamiento de ocho minutos y medio de Moving Further Away, que puede llegar a marear con la sensación maravillosa de un sonido más que envolvente. Pero sí hay que destacar dos cortes, me quedo con I Can See Through You– con una sonoridad luminosa-, y la cálida Wild Eyes. Las olas delicadas de la voz de Badwan exploran un poco más las posibilidades sonoras de la barrera de guitarras y teclados en Oceans Burning, que cierra el álbum.

Algo tiene que ver la mano del gran cantante y compositor Badwan, que ya había estado haciendo pruebas con otras épocas distantes pero relacionadas con las fuentes de las que ya bebían antes. Su proyecto con Cat’s Eyes tal vez sea la mejor prueba de que él ya ansiaba llegar al final del camino y poder disfrutar y hacer disfrutar de una voz dulce y poderosa como la suya, que no tiene menos recursos que los geniales Rhys Webb y Josh Hayward, teclista y guitarrista de The Horrors, responsables de la actividad de domaje sonoro del ruido, que han solucionado a golpe de psicodelia.

[XL RECORDINGS]2011

[7,9]

C. Naval

Carlos Naval
Carlos Naval
Periodista. Formó parte de la redacción de HABLATUMÚSICA de 2010 a 2013. Actualmente continúa su carrera en diversas compañías del sector de la Comunicación.