The Shins | Port of Morrow

Date:

COLUMBIA

 

[2012][8]

Siempre me molestó, en una de esas manías que no tienen mucha justificación, aquellas bandas en las que, llegado un momento, el líder decidía prescindir de la mayoría de los componentes y fichar a nuevos. Alta traición, justicia poética o no saber separar amistad y trabajo, supongo. Curiosamente, una de las bandas que practica lo discutido es Wilco, uno de los grupos que mejor ha evolucionado y sorprendido en los últimos años. No sostengo ni mis chifladuras. Así lo hizo el líder de The Shins, James Mercer, cuando decidió crear Port of Morrow tras cinco años sin publicar nuevo material. Quizás en busca de algo nuevo, quizás por lo complejo del ser humano.

El tipo, con esa pinta de oficinista tan agobiado que por las noches coge el teléfono y participa en un programa de radio de llamadas en vivo inventando historias, decidió picar el boleto de todos sus integrantes. Luego, pegó un par de llamadas a varios mercenarios dispuestos a unirse a su causa de crear pop bien elaborado y componer este cuarto disco. El complicado pero agradecido oficio de crear bonitas canciones.

Así se presenta ese cuarto trabajo de la factoría del de Albuquerque. Si uno ve Breaking Bad empieza a sospechar que todo el mundo tiene las mismas pintas allí. Un largo que ahonda en la fórmula pop planteada por la banda, de forma no muy cambiante pero sí con multitud de opciones que la hacen inabarcable para quien la sabe explotar. Mercer es un coloso en esto.

El disco abre directo con The Rifle’s Spiral, un corte en el que se permite coquetear con elementos electrónicos que no altera la fórmula. Tras ella llega Simple Song. La mejor canción del álbum. Es una de esas composiciones que enamoran a la primera y son conscientes de ello. Como Blanca Suárez cuando sonríe a los fotógrafos de un photocall. Los cambios tonales de la bendita voz de Mercer bailan con piano clásico y batería que van entrando en avanzadilla para sorprender con una guitarra que nadie espera y todo lo trastoca. Virtuosismo pop del que hace gala en todo el disco y que destaca una vez más en It’s Only Life, otro de los cortes tocados por la varita de la compleja simplicidad que sigue fascinando. Canciones como estas siguen emocionando en una lucha sin cuartel entre tanto nuevo grupo complejo obsesionado por el sampler electrónico y el dubstep. Nunca pasarán de moda. Y es que el líder de The Shins siempre se mantuvo inamovible a los cambios en los gustos musicales -bien impuestos, bien cambiantes por naturaleza del oyente-. Cuando la música presentó aquellos derroteros en los que debía asumir una costumbre grandiosa, The Shins insistieron en una propuesta eficaz por la calidad de lo que saben hacer, como fue Wincing the Night Away en 2007. Con él, los de Nuevo México consiguieron una más que digna secuela de esa joya escondida bajo una horrible portada llamada Chutes Too Narrow.

Con Bait and Switch The Shins se permiten abrazar los ritmos iniciales del pop guatequero de los sesenta dándole un nuevo sentido a las guitarras cortantes con un solo final simplemente exquisito. Una canción que esconde mucho más de lo que aparenta. September es otro cuadro costumbrista pintado con los ya clásicos medios tiempos que tan bien sabe manejar el Hawaiano. Con ella firma una primera parte del álbum perfecta. Parece que con los cambios en el grupo -entre los que se incluyen Joe Plummer, batería de Modest Mouse y la guitarrista del gran Beck, Jessica Dobson– han supuesto un nuevo soplo en una banda que pudo acusar la publicación de tres discos tan brillantes que endurecían hacer frente a las expectativas.

La segunda parte de Port of Morrow no supera a la primera pero tampoco baja el nivel, ya que es un álbum regular, algo que tal vez le faltaba a su anterior trabajo, donde premiaban demasiado los singles y donde las canciones de segunda línea, tan importantes como tener un buen banquillo en el baloncesto, aflojaban el resultado final. Así aparecen trabajos como For a Fool –con un toque añejo de aquellos que tanto le gustan a M.Ward- Fall of ’82, con sus gustosos vientos que preceden a 40 Mark Strasse y a la homónima Port of Morrow, o la forma más digna de dar por finalizado un álbum que no supera los 40 minutos. Que Mercer cambie lo que le venga en gana si con ello nos sigue brindando con discos así, que yo aguantaré mis manías.

por J. Castellanos

J. Castellanos
J. Castellanos
Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014, llegando a ser redactor jefe.

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