The Tallest Man on Earth | There’s No Leaving Now

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Para ver las estrellas no basta con ser el hombre más alto de la Tierra. No en una ciudad como Madrid. Aquí están prohibidos los astros brillantes como el jaleo de lo que un sitio así escupía antes. La luz, los edificios que vomitan despidos o la mierda que va matando suavemente  a los que se atreven a vivir en un lugar así impiden ver la belleza de la vida real. Esta ciudad, como todas esas grandes ciudades, empieza a mostrar la fatalidad de la gula de lobos con piel de lobo. Mamarrachos.

Con todo esto, el pasado fue siempre mejor. Un tiempo que, por desgracia, solo podemos conocer por la impronta que dejaron aquellos artistas adelantados a su tiempo. Tal vez se hubieran quedado donde estaban si supieran que el futuro era esto, futuro que ya solo se emplea como tiempo verbal. Qué bueno sería poder viajar al pasado. Allí uno se encontraría con Kristian Matsson, otro dominguero del tiempo que utiliza la guitarra como Anacronópete que le transporta a tiempos en los que la vida era arriesgada y estridente pero había futuro, fundamental para la esperanza. Este loco decidió rescatar una música en la que tenía que ganar bien poco pero que dio en el punto exacto. Arriesgar para ganar.

Matsson o The Tallest Man On Earth apareció como una simple propuesta que debe recurrir a la calidad ya que carecía de innovación. Hay algo más. El sueco de alma americana y descendencia figurada de los Zimmerman, desprende sentimiento de gigante que encamina su alter ego y que ya indicó en 2008 que no era un tipo cualquiera. Shallow Grave enseñaba las únicas armas que le bastan: un brillante manejo melancólico de la guitarra a la que provoca orgasmos tan buenos como los de una relación duradera y una voz –sí, nacida de Bob Dylan- tan profunda como los mares de su tierra natal. Demostrando que en la música no todo es innovar sino profundizar y crear algo que valga la pena apareció con el brillante The Wild Hunt y ahora regresa a una cita más sin peinar pero conquistando de igual modo.

Porque este There’s No Leaving Now con el vuelve se mueve en las alturas que tocó con su anterior LP y con el que consiguió poder ver las estrellas. Benditas estrellas. En 10 cortes vuelve a esas melodías preciosas a las que nos vamos acostumbrando como lo hacemos con las buenas cosas. No hay evolución alguna, acaso algún añadido instrumental que hace fundir a la guitarra en alguna ocasión, formando un todo sonoro. Vislumbraba cierta evolución sonora tras aquel regalo en forma de EP con el bonito nombre de Sometimes the Blues Is Just a Passing Bird en el que electrificaba su sonido en The Dreamer y sonaba peligrosamente bien. Espejismo.

El sueco sigue un camino que apunta a larga y fructífero con un álbum en el que sigue teniendo cosas que decir y que arma de una forma regular, formando un todo, formando un gran trabajo. To Just Grow Away abre el tercer largo y con ella 1904 –el primer adelanto y una de las mejores del álbum-, Britgh Lanterns o There’s No Leaving Now donde aparecen pequeños cambios respecto a anteriores trabajos y otras que siguen ese camino básico de las cosas bien hechas como Revelation Blues, Wind and Walls, Little Brother o Criminals, otro de los puntales del álbum. Hacerlo una vez puede ser cuestión de azar, tres solo pueden conseguirlo aquellos tocados por las estrellas.

J. Castellanos
Periodista. Formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014, llegando a ser redactor jefe.

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