The Vaccines | Come of Age

Vive rápido y deja un cadáver bonito. Algunos se lo tomaron al pie de la letra, como esa maravillosa borracha de voz negra llamada Janis Joplin o el propietario de los restos que yacen en el cementerio del Père-Lachaise, rodeado de flores, de porros y de vasos rotos; en la lápida está escrito James Douglas Morrison (1943-1971). Se trataba de vivir al límite, se trataba de la infelicidad, del vacío, de la derrota, de las dudas. Pero todos esos cadáveres jóvenes que perecieron cuando el rock and roll descendió a los infiernos habían alcanzado la madurez musical y firmado unas cuantas obras maestras. Y pensando en todos ellos debo calificar a Justin Young  como un niñato acomplejado por el paso del tiempo. The Vaccines aparecieron de manera fulminante en 2011 con What did you expect from The Vaccines? y desde entonces han tocado con tipos como los Arctic Monkeys, atragantándose de éxito. Ahora, sólo 18 meses después, ya tienen nuevo disco con el que además pretenden dar un salto, Come of age. Pero hay algo peor que madurar y alcanzar la mayoría de edad; y es crecer y querer mantener a toda cosa una ridícula e inexistente juventud. Al menos Young se ha cuidado de esto último.

Este segundo disco no es malo pero tampoco brillante, se aprecia una pequeña evolución con respecto al debut pero no es el salto definitivo. Y eso es lo que pretende Young, que parece haber adquirido una actitud arrogante que por desgracia solo esconde inseguridades.

La mayor diferencia con su anterior álbum es la contención de la energía. The Vaccines han canalizado su fuerza para firmar canciones en general más largas y algo más cuidadas. Han perdido algo de rock and roll y han ganado pop. “Pop parece una mala palabra”, decía Justin en una entrevista reconociendo que han ido más por el lado de los estribillos pegadizos que de esas guitarras que en el primer álbum conseguían arañarte los oídos. Sin embargo, ahora visten una indumentaria mucho más punk. Todo muy confuso. Sus influencias siguen siendo  el rock británico de los 50’y 60’ y el punk revival de los 80’, aunque han abandonado a The Ramones para abrazar a bandas insigne de su país como The Beatles o Blur.

La banda de Damon Albarn se hace visible en pistas como Aftershave Ocean, cuya melodía se agarra a tu cerebro gracias a un portentoso rasgueo de guitarra, melodías suaves y repensadas son la tónica general. La guitarra de George Harrison tiene claras reminiscencias en All in Vain, por ejemplo. Por otro lado la canción que abre el álbum, No Hope, es algo completamente visceral, como si Young quisiera pero no pudiera despegarse de su verdadero estilo, el de su primer LP. El descontento del líder de The Vaccines con su edad le ha provocado un terrible desorden emocional. Se siente mayor y ha querido hacer un álbum maduro sin conseguirlo.  Pero gracias a ello ha dejado una joya de casi tres minutos llamada I Wish I Was A Girl. La ambigüedad sexual recorre los versos a través de una melodía llena de blues, un sonido crepuscular que podría haber sido fabricado por The Blak Keys. Si para The Vaccines madurar va a significar eso, que maduren cuanto antes.

Teenage Icon y  su fuerte teclado recoge el sonido de su primer disco pero no deja de ser otro símbolo de la cruzada personal de Justin Young por demostrar que él es más que un producto, que es un auténtico roquero. Lo de vivir rápido y dejar un cadáver bonito no lo puede hacer cualquiera, hay que ser extremadamente sensible y dejarse llevar por el miedo. Young, a pesar de todo, es un tipo seguro de sí mismo aunque consciente de sus limitaciones y, pendiente de su madurez, ha firmado un disco más suave, más lento y más previsible que el anterior. Esperemos que no se estanque en este limbo de melodías prescindibles.

Pedro Moral
Periodista especializado en Cine, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014. Actualmente, prosigue su carrera en diversos medios.