A Julio César le tenían que repetir constantemente que no era Dios, que era solo un hombre. Eso le sirvió para no volverse loco de poder. A Maradona nadie le plantó los pies en el suelo y bueno, esa historia ya la conocéis todos. The Weeknd es uno de esos casos en los que según la prensa internacional y la gran mayoría del público tenemos ante nosotros a un superhombre de poderes extraordinarios usados para hacer música. Nadie le dijo a Abel Tesfaye que la genialidad puede agotarse y la hostia que se va a pegar con su segundo álbum puede que le haga daño.

El disco está bien producido, cuidado, tiene momentos de impertinente genialidad y melodías abrasivas pero también está lleno de frialdad, odio y en ocasiones de un nauseabundo aburrimiento propio de un juguete roto. Él, que es una especie de reencarnación de Michael Jackson -decían-, debería haber firmado un debut no tan grandilocuente y sí más emocionante, más universal. ‘Kiss Land’ no apetece desde la portada. Aunque el juego de titular de forma tan cursi para luego revolver el estómago con las letras tienen gracia, la foto que ha elegido Tesfaye es tan altiva que no hay empatía posible.

Los truenos sonoros y el falsete que empapa cada pista comienzan a desplegarse en ‘Professional’ donde una cuerdas inquietantes cierran la canción y muestran el camino de un álbum anestesiado. El R&B en manos de Tesfaye tiene otros vértices, el sonido oscuro de sus bases podrían navegar por los paisajes de la ciencia ficción, la más negra, no diré ‘Blade Runner’ porque sería  sacrilegio pero sí ‘Brazil’, por ejemplo.

The Weeknd se revuelve en su propio tormento aunque con ‘The Town’ todavía se muestra sensible hablando de un amor perdido mientras el corte de cinco minutos sufre varias reinvenciones. Enseguida aparece un tipo destruido, onanista, algo misógino, cobarde y adicto a relatar un sexo sucio y mal sonante que no rompe moldes, que solo suena a mamarrachada vacía. El juego sucio es lo suyo, en ‘Belong to the World’, ha absorbido el ritmo de ‘Machine Gun’, de Portishead, para su percusión. Este gesto ilegítimo no le sale mal porque esta canción muestra por fin algo de músculo.

Su colaboración con Drake en ‘Live For’ es demasiado Drake. Las giras de ambos han mellado el talento de Tesfaye, mucha prostitución quizá. No hablan de otra cosa. Perdonable si la media del disco igualara los sonidos bailables de ‘Wanderlust’, la más comercial y la menos trascendente del álbum. Suena mucho a Jackson, lo que hace que The Weeknd se muestre menos autor que nunca, algo positivo ya que permite respirar entre tanta tormenta emocional. O más bien chaparrón.

El mayor problema de ‘Kiss Land’ es su posición estática frente a los revolucionarios resultados de su ‘Trilogy’. Un gesto que hace retroceder a este genio momentáneo que va a tener que volver a ganarse el respeto, mamadas y bukakes aparte.

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