Apariencias de la noche muda de los Oscar

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Como cada año, acompañando a la ceremonia de los Oscar, se celebra “La noche de los Oscar” patrocinada por Canal +, en la que se dan cita clientes, prensa y celebridades muy variopintas para tener su pedacito de Hollywood en pleno corazón de Madrid. La fiesta tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, desde donde también se retransmitió por televisión y radio la 83ª ceremonia de los Oscar en el Kodak Theatre de Los Ángeles.

La alfombra roja de del Círculo recibió nuevas celebridades como Natasha Yarovenko (nominada a los Goya por “Habitación en Roma”) o Manuela Vellés, cineastas consagrados como Juanma Bajo Ulloa y toda clase de famosos tales como diseñadores, cómicos  y periodistas. Se esperaba que apareciesen más actores nacionales de renombre para apoyar la nominación de Javier Bardem por “Biutiful”, pero nos tuvimos que conformar con las nuevas “promesas” del cine español, pues el gremio no hizo presencia en su gran mayoría.

Las puertas se abrieron al público general a las 00:00, y la espera hasta el inicio de la alfombra roja a las 00:30 se amenizaba a base de bebida y tentempiés gratuitos (que en cierto momento de la noche acabas dándote cuenta de que es a lo que la gente va). En la misma sala se daban las entrevistas a las personalidades invitadas, y podías ver con girar levemente la cabeza a los famosos enseñando sus plumas presuntuosamente y a los clientes invitados deambulando por la sala buscando a ver qué celebridad ha decidido hacer acto de presencia. Demasiada pomposidad acumulada en una misma sala. Pero al fin y al cabo son los Oscar, una noche que brilla y destaca por su glamour; hasta que en cierto punto de la noche miras el reloj: las 02:30, ya ha empezado la gala, echas un vistazo al salón y queda menos de la mitad de la gente que había antes, y de las que quedan pocas miran a las pantallas. Surgen varias preguntas una vez que pasa esto: ¿la gente va solo porque es barra libre? ¿O tal vez para ver el modelito que llevan los demás? ¿Acaso saben que se están celebrando los Oscar esa noche? Eso sí, el paseo por la sala con sus mejores galas no se lo quita nadie. Mucho contenedor y poco contenido.

Por supuesto la gente es libre de aparecer y hacer lo que quiera. Pero la cuesta abajo aún estaba lejos de terminar. A la altura de la nominación a “Mejor actriz secundaria” el sonido de la retransmisión desaparece y es sustituido por música que algún genio ha decidido que es más interesante que el discurso de Melissa Leo. ¿Un fallo técnico? No sabría qué decir, porque el fallo duró alrededor de 40 minutos y se comió otras tres categorías. Alguna voz crítica se alzó entre la multitud cuando sucedió esto, pero con una miradita rápida te dabas cuenta de que poco importaba al público en general que ni siquiera prestaban atención a las enormes pantallas dispuestas para disfrutar de la ceremonia. Frente a una de las pantallas podías ver, y yo lo hice orgullo, famosos que se preocupaban de atender a los premios más que de pavonearse alrededor de sus colegas de profesión, como Aura Garrido de la serie “Ángel o demonio”. Al menos alguien sabía discernir sobre de qué iba la “noche de los Oscars” (y las comillas son dubitativas).

Y como punto álgido de la retransmisión la presentación del programa por parte de Ana García Siñeriz, Juan Zavala y Pepe Colubi. A partir de ahora cuando enseñen sensacionalismo en las facultades de periodismo podrán decir que han encontrado el mayor exponente como ejemplo, no habrá explicación mejor que mostrar la exacerbada prepotencia que destilaban alguno de los comentaristas de la noche. Mientras Siñeriz trataba de ejercer de imagen correcta de la ceremonia, Zavala era un intento continuo de seguirle el paso a la mordaz y burda actuación de su compañero. Colubi debe haberse sentido inspirado por Ricky Gervais en los Globos de Oro, pues hacía uso de un, llamémoslo humor, pretencioso, ácido e hiriente arremetiendo contra todo lo que acababa subiendo al escenario en los Oscar. Mientras Gervais lo hacía cómicamente, este no podía dejar de dar una impresión de amargura y rebeldía insulsa que acabó convirtiendo la ceremonia (que para qué engañarnos, los Oscar son mucha fachada) en su propio campo de batalla donde absolutamente todos eran el enemigo. Sabrán mucho de cine y tendrán una carrera de años, pero por lo visto el respeto se les olvidó en algún lugar del camino. Los comentaristas por supuesto están para dar su opinión, con la que estarás más o menos de acuerdo, pero mientras algún comentario fue interesante, como en la categoría a “Mejor documental”, la tónica general era la de conversación de bar, donde hacían más hincapié en reseñar la “cara de porreta” de James Franco que en por qué la estatuilla a mejor director acabó en manos de Tom Hooper por “El discurso del rey”, por ejemplo. Para mí, una total demostración de falta de respeto por el cine, el periodismo y el público al que se le avasalla con opiniones vacuas y superficiales y se le deniega la información que deberían ofrecer. ¿Tan difícil era: “No creo que su trabajo sea merecedor del premio” en vez de: “Oprah se va a ahogar en su propio wonder-bra”? Yo creo que no.

No hace tanto que las retransmisiones eran interesantes, así que creo que realmente antes de asistir a un acto como este tienes que preguntarte algo: ¿Quieres emborracharte y comer gratis? Ve. ¿Quieres ver los Oscar? Quédate en casa y disfruta de la auténtica noche de los Oscar.

J. Roa

Pedro Moral
Periodista especializado en Cine, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2011 a 2014. Actualmente, prosigue su carrera en diversos medios.

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