Azkena Rock Festival 2012 (SABADO)

Se acabó lo que se daba. Ha llegado el último día del festival, concluyendo con un fin de semana de música excepcional, variedad en una vasta cantidad de grupos y una organización arriesgada en la selección de ciertos grupos, pero que para mí ha sido todo un acierto en su apertura a otros estilos, siempre bajo la capa del rock que define al festival vasco.

Los tres escenarios volvían a abrirse para despedir esta edición, abriendo por última vez por este año en una dirección nueva, diferenciando cada día en un estilo distinto, abierto y variado, pero en una tendencia común. Esta vez le tocaba el turno al country rock, folk, rock and roll y música negra como soul, rythm &blues o funk.

Como siempre, organicémonos. La representación del country o el blues blanco llegaba en su más pura esencia de mano de Hank 3, banda que llegaba pasada la medianoche al escenario Adam Yauch con un estilo absolutamente tradicional, country raudo y sin condimentos, banjo, violín y contrabajo  a los que les da un toque más potente el acompañamiento del lap Steel, la guitarra eléctrica y la energía de la batería, haciendo bailar a un público con ganas de fiesta hasta la saciedad; y esta banda cumple perfectamente con este cometido. Acompañándoles en esta línea M. Ward, que daban un toque novedoso en las clásicas estructuras del género y enfoques variados en los tradicionales usos del country. Siguiendo por este camino, las bandas Frank Turner & The Sleeping Souls y Green On Red´s Dan Stuart & Sacri Cuori Band. La primera, banda inglesa, enseñaba su folk de una manera simpática pero que sin más, no daban nada nuevo y como punto favorable para ellos, han sido los únicos en nombrar Euskadi, con lo que se ganaban parte de un público que estaba frente al escenario Levon Helm de paso. En cuanto a Dan Stuart ofrecía pocas revoluciones en un concierto cuya base se encontraba en el folk, con retazos de géneros clásicos como detalles del rock psicodélico o el blues, apilados siempre en los cimientos de la música folclórica.

El toque sensual lo ponían los showman de la noche, Lee Fields & The Expressions y Charles Bradley & His Extraordinaires, banda que tocaría los dos últimos días conciertos extraordinarios antes de entrar en el escenario Robin Gibb en el recinto del festival. Al más puro estilo James Brown, ambos líderes seducirían al público con su soul, con las propias presentaciones de ambos en cada uno de sus conciertos, dando un aire de mayor cohesión musical e interpretativa la banda de Charles Bradley, aun siendo ambos grupos excepcionales. En la primera tanda con Lee Fields hemos podido disfrutar de su versión de Sunny, momento álgido de su espectáculo en el que todo el mundo ha participado en la misma euforia, caldeando el único día frío del festival.

Los grandes nombres de la noche han defendido este título en el Levon Helm y han dejado claro que no son cabezas de cartel porque sí. Cerraban el escenario The Darkness alternando entre sus álbumes con temas como Black Shuck o Love Is Only A Feeling y Ticket to Hell and Back, con una formación en la que el único miembro nuevo es el batería, sustituto temporal como aclaraban. Parte del gran espectáculo se debe a Justin Hawkins, líder incansable de la banda que se dejó la piel corriendo de un lado a otro del escenario, haciendo el pino, cualquier ejercicio es poco. Podría decirse que era el día de los showman, porque el tío es una diva. Sale a cambiarse de ropa, pasea entre el público a hombros de un técnico mientras hace un solo, mueve al público y lo revigoriza constantemente, un público que no comenzaba muy convencido pero que ha acabado enganchado a un hard rock cañero, sus voces operísticas, rápido, fuerte y expuesto en un espectáculo sin artificios pero vibrante. Dada su teatral pose algunos se los tomarán a broma, pero es una increíble voz, acompañada de buenos músicos, buenos temas un directo emocionante.

My Morning Jacket ocupaba antes el escenario. La banda destacaba como la menos semejante a la dinámica de la jornada, en la que puedes rescatar influencias como el rock psicodélico, el folk o el country; esto acarrea ciertas dificultades a la hora de conectar con un público más cercado, pero que demuestra si un grupo es bueno o no, siendo un rasgo esencial la diferenciación y personalidad, la cual han ratificado en el escenario. Pero la actuación estrella del día era, sin lugar a dudad, la de los reyes sureños Lynyrd Skynyrd. No sé qué más se puede comentar de esta banda, no es como analizar la actuación de una banda novel, porque estos han probado durante décadas su valía y lo han expuesto en directo. Una distribución en el escenario estudiada y variada, centrando visualmente la atención en lo que es importante musicalmente. Una naturalidad y facilidad que solo los años otorgan, fluyendo su actuación como la seda con el control absoluto de su desarrollo en manos de su líder, Johnny Van Zant. Hay grupos con los que sientes algo especial, un halo singular que ve su mayor exponente en temas como Simple Man o el clásico Sweet Home Alabama, con el que harían cierre en falso y darían pie al que sería su último tema, cada uno de los clásicos acompañados de un enorme cartel tras la banda y que vería el último en el que todos queríamos escuchar: Free Bird. Si en disco no tiene parangón, en directo es superior. Con acertadas variaciones como el solo de piano y un acompañamiento visual deslumbrante, con una bola de discoteca gigantesca en mitad del celebérrimo solo final, que te hace perder la cuenta del tiempo y te deja absorto en la vertiginosa interpretación de la banda.

Si me he quedado con un ligero mal sabor de boca, nada grave, pero la última banda del festival me parece una pobre elección, siendo la peor de clausura en los tres días. Brian Jonestown Massacre son ocho sosainas, con cinco guitarras entre ellos inmutables, que a pesar de ser tantos parecía ver un escenario yermo. Tanta guitarra no aporta nada: ruido ambiental, acoples y poca definición en un pastizal sonoro insoportable. Había incluso un tío para tocar solo la pandereta. Más no es mejor, más es más y punto, y aquí incluso es demasiado.

Pero para mi salvación, al mismo tiempo había otra banda, cerrando el pequeño escenario Gibb, que me ha abierto los oídos y ha captado toda mi atención, Triggerfinger. Por lo general, las bandas que más me han gustado han sido las que abrían y cerraban cada jornada –aunque esta no sea una norma fija- y estos han dado ese toque de blues oscuro envuelto en un stoner rock grave, potente, pesado y rompedor, con unos temas genialmente peculiares. Al final han agradecido al festival, a sus técnicos, no han dejado a nadie y les ha dado aun más puntos por humildad. Pero aquí también me ha dejado sin pestañear la primera banda del día, North Mississippi Allstars Duo. Largo nombre para un dúo de músicos excepcionales; dentro de la moda de binomios guitarra/batería estos llegan más allá, mucho mejores técnicamente de la mayoría, con inusuales ritmos y estructuras de sus temas y usos insólitos de su equipo, en un total aprovechamiento de sus recursos. El concierto, vibrante, ha captado y encantado al público desde el comienzo, calentándolos para el resto del día con solos perfectamente implementados, un dinamismo en el escenario natural y desenfadado, con un pequeño intermedio cambiando sus papeles. El guitarrista hace el mejor uso de bajo/guitarra de este estilo de bandas, contando con un gran entendimiento de su equipo y una técnica, ambos, que los hace destacar de la abrumadora cantidad de dúos de este género. Un directo cañero con un blues innovador que ha conquistado a cada uno de los asistentes del público.

Y así acaba un grandísimo fin de semana de música. Un ejemplo absoluto de festival, respetuoso con sus fans más acérrimos pero atrevido en innovación; actividades y variedad pero con la música como atracción indiscutible. Se acabó la música y se acabaron las crónicas, pero en breves podréis ver el reportaje del fin de semana completo con detalles concretos, impresiones y más de un personaje peculiar.

José Roa
Músico y periodista, formó parte de HABLATUMÚSICA.com de 2010 a 2014, llegando a ser editor jefe y alcanzando especial repercusión con su columna 'La Guillotina', editada en 2013 y 2014.